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28 de octubre 2025
Historia del Humanismo Mexiquense: evolución y transformación
Categoria:
Humanismo Mexicano
Rodrigo Sánchez Arce
Secretaría de Cultura y Turismo del Gobierno del Estado de México
Resumen
El presente escrito aborda al Humanismo Mexiquense como parte del Humanismo Mexicano y aun del Humanismo universal, considerándolos como pertenecientes a una misma corriente. Para este acercamiento se usó un criterio geográfico territorial del actual Estado de México. Se propone un recuento desde la etapa prehispánica y hasta el presente para delinear a referentes del pensamiento humanista en el Estado de México desde sus distintas áreas del conocimiento y aproximaciones: crónica, historia, antropología, literatura, poesía, periodismo, estudios agrarios, etcétera.
De la perspectiva universal a la perspectiva mexiquense del Humanismo
Una primera mirada a la cuestión en torno a qué es el Humanismo la constituye la visión renacentista que rescata la enseñanza de todas aquellas materias humanísticas y no religiosas que desde hace medio milenio, aproximadamente, comenzaron a impartirse en las universidades: filosofía, artes, literatura, etcétera. Esto no sugiere que antes no existieran, sino que se les retoma con visión humanista.
Una segunda definición del Humanismo se refiere, precisamente, a colocar en el centro la dignidad humana, así como sus valores y principios alejados de lo religioso o de la idea de un dios. Existen muchos valores, ya se ha mencionado la dignidad, pero también la racionalidad, la naturaleza —por ejemplo, el iusnaturalismo—, la integridad, la independencia, la autonomía de los individuos y la “sensibilidad” para conocer y orientar su acción. Posteriormente, con la Revolución Francesa, se integraron otros valores —en su lema encontramos las libertades, las igualdades y las fraternidades o, en un sentido moderno, las solidaridades—, los cuales se expresan en obras y acciones de personajes, de instituciones, de organizaciones y de movimientos de todo tipo.
En el discernimiento de qué es el Humanismo podría argüirse que no tiene carácter nacional y, aún más, uno estatal. No obstante, en el contexto de una construcción colectiva y de consenso en torno al significado y posibilidades del Humanismo, cabría argumentar que lo mexiquense es parte de lo mexicano y también de lo universal.
Estos son apuntes para un acercamiento a la definición de Humanismo que, si bien ya existe, también se está construyendo bajo el eje discursivo de lo que podríamos denominar “Humanismo Mexiquense”.
Humanismo Mexiquense
El periodo prehispánico y el México antiguo
¿Dónde comienza el Humanismo Mexiquense? En mi consideración, en Texcoco, con Nezahualcóyotl, desde el ejercicio de lo que los antiguos llamaban in xóchitl in cuícatl, la flor y el canto, es decir, la poesía. No veo otro personaje anterior a Nezahualcóyotl que haya reflexionado sobre la conciencia de la existencia humana, lo terrenal, o sobre la experiencia profunda del cambio y del tiempo para acercarse a lo divino, al Tloque Nahuaque o el “dios del cerca y del junto”, el dios dador, el dios creador de la vida. Todo ello fue reflexionado a través de la poesía que se le atribuye a Nezahualcóyotl. Es por esta razón que hasta la fecha no es posible distinguir a ningún otro personaje como el iniciador de este pensamiento crítico y humanista en los límites del actual territorio del Estado de México.
Aunado a ello también tenemos documentos antiguos pictográficos. Estos códices aportan una cosmovisión mesoamericana y algunos de ellos tuvieron su origen en lo que hoy es territorio del Estado de México. Por ejemplo, la Tira de Tepechpan, de Acolman; la Rueda Calendárica Boban, de Texcoco; los Anales de Cuauhtitlán, o el Códice de Huichapan, uno de los pocos códices otomíes que existen y que habla de Jilotepec. Hay otros, por ejemplo, gran cantidad de códices Techialoyan: el de San Jerónimo Acazulco, San Antonio La Isla y el de Huixquilucan, además del de Santiago Tlacotepec, todos ellos parte del patrimonio mexiquense.
En este periodo hubo muchos evangelizadores que también rescataron la palabra antigua. Vinieron a conquistar, pero también hicieron labor de rescate inmaterial. Fray Pedro de Gante abrió la primera escuela para naturales en Texcoco, en 1523; fray Toribio de Benavente, Motolinía, habló del centro de México; fray Martín de Valencia encabezó la llegada de los primeros doce frailes y, en su paso por Amecameca, edificó el templo del Sacromonte.
En este bosquejo no puede omitirse a aquellos personajes enfocados al rescate de las lenguas nativas, por ejemplo, fray Andrés de Castro, quien buscó preservar la lengua matlatzinca, o fray Diego de Basalenque, que también lo hizo, pero desde Michoacán; Diego de Nájera Yanguas, rescatador de la lengua mazahua, y fray Melchor de Vargas, del otomí. En contraste, no conozco a nadie de esa época que haya rescatado el tlahuica, idioma también conocido como atzinga.
La etapa de la Ilustración
Por sus aportes de orden antropológico, destacan figuras como fray Gerónimo de Mendieta, autor de Historia eclesiástica indiana, quien residió en el convento de Toluca y fundó Calimaya, y fray Bernardino de Sahagún, quien llevó a cabo un trabajo muy importante con sus informantes indígenas, entre ellos Antonio Valeriano, Alonso Vegerano, Martín Jacobita, Pedro de San Buenaventura y otros. Los cronistas de Indias tuvieron un papel central: Fernando de Alva Ixtlilxóchitl o Juan Bautista Pomar, descendientes de la casa real de Texcoco; Chimalpahin, nacido en Chalco; fray Juan de Torquemada, quien habló de la realeza texcocana pero, sobre todo, elaboró una de las primeras historias acerca de la religión en la Nueva España: los veinteiun Libros rituales i monarchia indiana, para la cual aprovechó la Historia eclesiástica indiana de fray Gerónimo de Mendieta.
A su vez, los dos pilares de las letras en el Estado de México son Nezahualcóyotl y Sor Juana Inés de la Cruz. De esta última destaca el empoderamiento de una mujer en el siglo XVII, la autonomía que demostró y cómo se condujo en su voluntad de estudiar en igualdad de condiciones que los hombres. Fue una mujer única, extraordinaria. En los términos de Alfonso Sánchez Arteche: “aún en nuestra época sería excepcional por su erudición y cultura humanista… Sus pretensiones se limitarían a vestir hábitos de monja para poder dedicarse precariamente al estudio, sin más maestros que los libros (…)” (Labastida, Bautista y Lugo y Poot Herrera, 2017).
En orden cronológico, destacan de igual forma cuatro científicos del siglo XVIII: Joaquín Velázquez de León, nacido en Zacualpan; José Mariano Mociño, nacido en Temascaltepec, en el entonces Real de Minas; José Antonio Alzate, de Ozumba, y Alexander von Humboldt, nacido en Prusia —no en Alemania, porque no existía—, quien recorrió el actual territorio mexiquense: Toluca, el canal del desagüe de Huehuetoca, Tlalnepantla, Ixtlahuaca y Tenango del Valle.
El fundamento para identificar a estos científicos en el pensamiento humanista mexiquense es que fueron pensadores universalistas en el sentido de la universalidad de aquella época, es decir, con el propósito de abarcar el conocimiento de todas las materias, a partir de lo cual abordaron la astronomía, la minería, las ciencias naturales y también las humanidades.
La insurgencia y el México independiente
En el pensamiento humanista son fundamentales las y los periodistas de la insurgencia. Un referente central es Leona Vicario, quien tiene sus raíces en Toluca: su mamá, Camila, y sus tíos, los Fernández de San Salvador, eran originarios de esta ciudad. Leona Vicario aportó recursos económicos y materiales para la causa insurgente, fue una periodista muy importante y dejó testimonio de su pensamiento humanista en los periódicos. Se vio involucrada en una polémica con Lucas Alamán después de que él afirmó que ella había participado en la causa independentista por amor a Andrés Quintana Roo, a lo que ella respondió contundentemente que sus motivaciones eran sus propias convicciones.
No se explicaría la insurgencia sin los aportes de otros periodistas, como el doctor José María Cos, oriundo de Zacatecas, quien instaló la primera imprenta en Sultepec; Andrés Quintana Roo, a quien Mario Colín considera el primero en realizar un escrito sobre Toluca en el México independiente, y José Joaquín Fernández de Lizardi, el Pensador Mexicano, quien instaló su imprenta de las Tres Garantías en Tepotzotlán y desde ahí realizó proclamas y manifiestos en favor de la independencia iturbidista.
De igual forma, es necesario hacer referencia a los padres de las ideologías que predominaron en el siglo XIX: José María Luis Mora, presidente del Congreso del Estado de México cuando se proclamó la primera Constitución Política de la entidad, el 14 de febrero de 1827. Si revisamos sus textos, advertiremos que están dirigidos, justamente, contra las corporaciones religiosas y militares, y podemos considerarlo el gran liberal de la primera mitad del siglo XIX.
En contraste, tenemos a Lucas Alamán, Padre del Conservadurismo. Ambos deseaban la prosperidad y el bien de la nación, pero por diferentes vías. No omitamos que, en el caso de Lucas Alamán, anteponía la religión como factor de unión entre los nuevos mexicanos e impulsaba el desarrollo económico del país. Un dato curioso: quiso ser diputado del primer Congreso Constituyente del Estado de México y participó en seis votaciones; todas las perdió. Recordemos que ese Congreso era liberal y resulta lógico que no diera cabida a alguien como Alamán.
Otros pensadores del México independiente son Lorenzo de Zavala, segundo gobernador de la entidad, quien escribió su Ensayo histórico de las revoluciones de México, y además, gracias a él, se abrió el Instituto Literario en 1828, hoy Universidad Autónoma del Estado de México; los hermanos Orozco y Berra, Manuel y Fernando, ambos originarios de San Felipe del Obraje —todavía no se llamaba “del Progreso”—, el primero, científico y cartógrafo, el segundo, poeta y escritor; José María Heredia y Heredia, cubano que residió en Toluca y murió en México, en 1839, director del Instituto Literario, y Felipe Sánchez Solís, maestro educador de Nextlalpan, así como profesor y director del Instituto desde su apertura antes de 1833 y después, en 1846. Comenzamos a advertir en este periodo el surgimiento de los grandes educadores de mediados del siglo XIX.
En esta etapa fue muy relevante Ignacio Ramírez, nativo de San Miguel el Grande, Guanajuato, también maestro del Instituto Literario, donde fue profesor de Ignacio Manuel Altamirano, nacido en Tixtla, Guerrero, inscrito en esa institución cuando aquella entidad todavía era territorio del Estado de México. Altamirano residió un tiempo en la capital mexiquense y eventualmente fue expulsado del Instituto, junto con su mentor, por las posturas ideológicas que sostenían. Asimismo, Juan Antonio Mateos, literato, escribió ampliamente sobre Toluca. Los tres formaron parte de esa ola de maestros del Instituto Literario cuyo humanismo hay que rescatar.
Son relevantes dos constituyentes que tuvieron roles medulares en el periodo de 1857: León Guzmán, de Tenango del Valle, jurisconsulto, promotor de derechos y redactor de la Constitución de ese año, y el médico Isidoro Olvera, de la Ciudad de México, quien apoyó a Valentín Gómez Farías en la gestión de epidemias, como la de cólera de 1833, para lo cual estuvo en Toluca auxiliando en ese trabajo.
Hay que rescatar también a aquellos humanistas que eran curas, párrocos, padres y que desde la vertiente religiosa hicieron estudios para entender el Humanismo, la filosofía y otras materias. Historiadores como Fortino Hipólito Vera, de Tequixquiac; José Trinidad Basurto, de Aculco; Emeterio Valverde Téllez, de Villa del Carbón, y Canuto Flores Mejía, de Tenancingo. Estos personajes fueron cronistas y narraron los sucesos de su época. También destaca, por sus obras de beneficencia, el santo José María de Yermo y Parres, oriundo de Malinalco.
Y sobresale además una institución de larga data: la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística correspondiente al Estado de México. A nivel nacional, la Sociedad se fundó en 1833, gracias al presidente Valentín Gómez Farías. La estatal se fundó en 1868 y hasta ahora sigue funcionando como centro de reflexión y pensamiento con valores liberales.
Aproximándonos al Humanismo de la segunda mitad del siglo XIX, resalta José Vicente Villada, de grata memoria para muchos mexiquenses. Entre su etapa militar y la de gobernador de la entidad, fue periodista, editó periódicos y coincidió con el poeta cubano José Martí. Villada también desarrolló un pensamiento que pudo poner en práctica cuando gobernó: fundó instituciones y escuelas, como la Gota de Leche, para la distribución de leche a las niñas y los niños, y la Escuela de Artes y Oficios para Varones.
No podemos omitir a Joaquín Arcadio Pagaza, quien nació en el antiguo Valle de Temascaltepec, hoy Valle de Bravo. Gran pensador y filósofo desde la religión, con su poesía hizo visibles a municipios del occidente del estado, comenzando por Valle de Bravo, Ixtapan del Oro, Zacazonapan, Temascaltepec y otros.
Sin duda, destaca una mujer como Laura Méndez de Cuenca, originaria de Amecameca, escritora, poeta, profesora y cronista de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Mujer autónoma, como periodista habló de la salud de las mujeres, la higiene y la familia. Se le considera una de las precursoras del feminismo.
Llegamos al Humanismo positivista institutense, ya en la época de Porfirio Díaz. Gabino Barreda, desde el tiempo de la República Restaurada, comenzó a instaurar el positivismo en los planes de estudios, de orientación racionalista. Se trata de una época de mayor estabilidad, y en 1886 el Instituto Literario cambió su nombre a “Instituto Científico y Literario”, como consecuencia de la visión positivista. Resaltan tres poetas: Juan B. Garza y Felipe Neri Villarello, de Toluca, y Abel C. Salazar, de Tenango del Valle; asimismo, Gilberto Owen, alumno del Instituto, donde escribió algunas de sus primeras letras en revistas y periódicos. En esta tónica debe mencionarse también a Agustín González Plata, de Tlalnepantla, cuyo paso por la institución fue relevante.
Otros que pasaron por el instituto positivista fueron Andrés Molina Enríquez, de Jilotepec, considerado el padre de los estudios rurales y de la sociología rural, quien en 1911 presentó su Plan de Texcoco contra los latifundios, y José Vasconcelos, pensador humanista, tormentoso, sí, pero de gran relevancia nacional. No tuvo un final feliz, pero olvidémonos de su etapa fascista. Finalmente, Anselmo Camacho, de Lerma, director del Instituto, y Silviano Enríquez, de Villa del Carbón.
Los cronistas, la Revolución y sus años posteriores
El primer cronista de Toluca fue Isauro Manuel Garrido, quien escribió el primer libro monográfico sobre esta capital. Otro fue Aurelio J. Venegas, de la Ciudad de México, secretario particular de dos gobernadores, Jesús Lalanne y Villada, y quien elaboró la primera monografía del Estado de México, publicada en 1923. De igual forma, Lázaro Manuel Muñoz, de Santiago Tianguistenco, quien hizo escritos panegíricos de aquel poco conocido decreto del 1 de marzo de 1924, el cual declara el 2 de marzo como día de fiesta estatal (en 2024 se cumplió el bicentenario de la creación del estado, pero también el centenario de la fecha 2 de marzo, que no se celebró durante un siglo, y también de los 40 años de la entrega de la primera Presea Estado de México asociada al 2 de marzo, en 1984).
Institutenses de gran relevancia de la época revolucionaria son, por supuesto, don Gustavo Baz Prada, de Tlalnepantla, quien como médico eminente, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y exgobernador de la entidad dejó grandes discursos y obras con sentido humanista; de igual forma, Daniel Cosío Villegas, cuyo paso por el Instituto Literario es poco conocido, gran historiador y pensador; Pascual Morales y Molina, de Jilotepec, quien también fue gobernador, y Maximiliano Ruiz Castañeda, médico de Acambay que combatió epidemias.
Otros humanistas religiosos, cronistas, filósofos e historiadores son Jesús García Gutiérrez, de Huixquilucan; José Castillo y Piña, de Valle de Bravo; Lauro López Beltrán, de Ixtapan de la Sal; Pedro Velázquez, de Valle de Bravo. Su pensamiento gira en torno a la persecución religiosa, la Cristiada y temas de su tiempo. Debe incluirse a Ángel María Garibay Quintana, de Toluca, sacerdote, filólogo, historiador, nahuatlato, gestor y protector de pueblos indígenas; hablaba náhuatl y fue párroco en Jilotepec, zona otomí, lengua que también conoció; perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua y de la Historia.
El siglo XX
Un hito educativo fue el traslado, en 1923, de la Escuela Nacional de Agricultura de San Jacinto, Ciudad de México, a la hacienda de Chapingo en Texcoco, gracias al presidente Álvaro Obregón. En 1974 se convirtió en Universidad Autónoma Chapingo, centro de pensamiento con una visión social y agrarista. En 1959 se creó el Colegio de Postgraduados, institución importante que hoy es autónoma.
Entre los institutenses del centenario del Instituto Científico y Literario, en 1928, están Heriberto Enríquez, de Toluca, creador del himno al Estado de México en 1941 y de muchos escritos y poesías; Horacio Zúñiga, también de esta ciudad, poeta y escritor que reflexionó sobre el Humanismo de su tiempo, al igual que Josué Mirlo, el gran poeta y educador de Capulhuac. También es importante leer los discursos del expresidente Adolfo López Mateos, de Atizapán de Zaragoza, en los que logró verter, como los gobernantes de su época, una visión humanista.
Los cronistas de la primera mitad del siglo XX fueron fundamentales en la construcción del Humanismo y lo hicieron desde la narrativa y el periodismo. Miguel Salinas, de origen toluqueño, quien más allá de lo monográfico empezó a contar otras historias de la ciudad; Nicolás León, nacido en Quiroga, Michoacán, quien vivió un tiempo en el Estado de México para rescatar relatos; Leopoldo Zincúnegui Tercero, de Zinapécuaro, Michoacán, también recuperó historias de la capital, y don Gustavo G. Velázquez, de Valle de Bravo, el más comunista y radical de nuestros pensadores y cronistas.
Son fundamentales los hermanos Fabila Montes de Oca, de Amanalco de Becerra, quienes hablaron mucho de pueblos originarios. De hecho, se les considera entre los precursores del rescate etnográfico de esas comunidades, sobre todo Alfonso habló mucho de migración y fue iniciador de los estudios sobre migrantes.
Sin duda, Isidro Fabela Alfaro tiene que mencionarse en cualquier bosquejo del Humanismo Mexiquense. Originario de Atlacomulco, fue revolucionario, internacionalista, diplomático, juez, orador, escritor y servidor público; como gobernador otorgó autonomía al Instituto Científico y Literario Autónomo (ICLA). Hay que leer, por ejemplo, las remembranzas de su pueblo (¡Pueblecito mío!) y de su vida cuando era niño y adolescente, pero también su defensa de los derechos humanos ante la Sociedad de las Naciones y los conceptos que vertía.
En 1956, el ICLA se transformó en Universidad Autónoma del Estado de México. Si bien la Facultad de Humanidades nació a principios de los años setenta, ya se desarrollaba desde el Instituto el pensamiento humanista, que continuó cuando se convirtió en UAEM y hasta la fecha. Muchos universitarios se han sumado a esta labor.
Mario Colín Sánchez, de Atlacomulco, es el mayor gestor cultural que ha tenido el Estado de México. Creó el gentilicio mexiquense en la década de los sesenta, tras un intercambio de posturas lingüísticas con la Academia Mexicana de la Lengua, la cual finalmente lo aceptó el 28 de febrero de 1985. También fue el iniciador de las ediciones propias del Gobierno del Estado de México y primer director del Patrimonio Cultural y Artístico, coordinador de las celebraciones del sesquicentenario del estado, en 1974, y una de las personas que formalizaron la crónica en la entidad, al expedir el primer Reglamento de Cronistas, en 1978.
Los hermanos Pablo y Henrique González Casanova, oriundos de Toluca, son imprescindibles en este recuento humanista. El primero de ellos, más abocado a la historia y la política, el otro, al pensamiento economicista, pero ambos humanistas, desarrollaron un gran pensamiento crítico en la Universidad Nacional Autónoma de México, de la cual Pablo fue rector.
Entre los cronistas de mediados del siglo XX están Rodolfo García Gutiérrez, de Huixquilucan, extraordinario escritor que contó historias del Valle de Toluca; Clemente Díaz de la Vega, de Zacualpan, quien publicó relatos en su revista Agro; Alfonso Sánchez García, de Calimaya, mi padre, primer cronista oficial de la capital del estado en 1981 y uno de quienes la recrearon e imaginaron; Javier Ariceaga, toluqueño, quien tenía la peculiaridad de pasar tiempo en los barrios, pueblos y zonas populares para hacer crónica, y Amador López, “el cura Hidalgo de Toluca” —lo representaba realmente—, y quien pese a ser considerado un gran cronista, no dejó obra escrita, solamente hizo crónica oral.
Para ese tiempo tenemos que mencionar a mujeres escritoras de la talla de Carmen Rosenzweig, toluqueña; Susana Francis, de Ozumba; Delfina Careaga, de la Ciudad de México y quien ha residido por mucho tiempo en la capital mexiquense (ganó una Diosa de Plata por el guión de la película La tía Alejandra, dirigida por Arturo Ripstein en la década de los ochenta), y Mauricia Moreno, quien escribió sobre la Toluca de los años cincuenta. En este periodo podemos ubicar también a Raúl Cáceres Carenzo, de Mérida, que vivió toda su vida en esta ciudad.
Un grupo que removió los cimientos de la cultura en el Valle de Toluca fue tunAstral, con figuras como Roberto el Gordo Fernández Iglesias y Carlos Olvera, chihuahuense que vino de Parral; el grupo fue realmente un revulsivo para la escena cultural capitalina en la década de 1960. Recientemente tunAstral cumplió 61 años y sigue siendo muy importante en nuestro medio.
Hay que considerar también a las instituciones nacionales que a partir de los años setenta empezaron a formar a los habitantes del Estado: la UNAM, con presencia con sus Facultades de Estudios Superiores en Cuautitlán, Nezahualcóyotl y otras; el Instituto Politécnico Nacional, que ha formado en pensamiento técnico, y la Universidad Autónoma Metropolitana, que a través de revistas como El Cotidiano ha formado en pensamiento crítico humanista; el Instituto de Administración Pública del Estado de México (hoy Instituto de Políticas Públicas del Estado de México y sus Municipios), creado en 1973 con el objetivo de establecer políticas públicas con sentido y visión social, e instituciones privadas como el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey o la Universidad Anáhuac, que incluso imparte un Doctorado en Humanismo, y la Universidad Iberoamericana, donde se han formado muchos valletolucenses y que ya tiene presencia en el territorio mexiquense en educación de nivel medio superior.
El trabajo monográfico en todo el Estado de México también ha sido importante para rescatar el Humanismo local, según la visión de cada cronista. Las primeras monografías de 120 municipios las elaboró un solo escritor de origen chileno: Carlos Héctor González, exiliado de su país. Solamente le faltó la monografía de Ecatepec porque terminó el sexenio de Carlos Hank González y ya no le dio tiempo. Su trabajo fue pionero en esta materia.
En 1979 se publicó el primer Reglamento de Cronistas; ese mismo año se eligió a los primeros cronistas de 17 municipios, y en 1982 nació la Asociación Mexiquense de Cronistas Municipales, A.C., Amecrom, sin formalizar, ya que se protocolizó hasta 1986. Hay que destacar a fundadores como Margarita Loera, de Calimaya; Pedro Gutiérrez Arzaluz, de Ocoyoacac; Ignacio González Polo, de Polotitlán, y Jesús Yhmoff Cabrera, de San Felipe del Progreso.
Las segundas monografías locales fueron realizadas por cada cronista municipal, 121 en ese momento, entre los años 1985 y 1987, y las terceras fueron realizadas entre los años 1997 y 1999, también por cada cronista. Estas fueron las últimas monografías impresas que elaboró el gobierno del Estado de México.
Debe observarse el valor humanista de las instituciones de cultura. La primera, la Dirección del Patrimonio Cultural y Artístico, creada por el gobernador Jorge Jiménez Cantú en 1976 y que perduró hasta 1987, cuando se convirtió en Instituto Mexiquense de Cultura, que después, en 2014, fue Secretaría de Cultura y Deporte y luego, en 2021, cambió a Secretaría de Cultura y Turismo. De igual forma, dos grandes faros de luz: el Centro Cultural Mexiquense de Toluca, inaugurado en 1987, y el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario de Texcoco, abierto en 2011.
Destaca también el Centro Toluqueño de Escritores, fundado en 1983 bajo el impulso de Alejandro Ariceaga. Este Centro ha sido fundamental para la creación literaria regional y no solo de la capital, pues ha becado a autores como Luis Antonio García Reyes, de Huixquilucan, el último de los tunastrales vivos.
Dos argentinos forman parte de este trazo humanista: Luis Mario Schneider, quien desarrolló un gran trabajo dentro de la UAEM, sobre todo en el Centro Universitario de Malinalco, y Pedro Salvador Ale, que aunque vive en la ciudad de México, ha tenido mucha influencia entre los escritores locales de Toluca.
Otro centro de pensamiento crítico humanista ha sido, sin duda, el Colegio Mexiquense, creado en 1986. No solo la universidad, también este colegio vinieron a obligar a los cronistas y a muchos escritores a que profesionalizaran su trabajo e hicieran su actividad con rigor académico.
Entre los escritores del Valle de los Volcanes están Rolando Rosas Galicia, quien vive en Texcoco; Emiliano Pérez Cruz, quien reside en Nezahualcóyotl; Moisés Zurita, de Texcoco, y su Molino de Letras, gran revista y movimiento cultural; Silvia Castillejos, también de Texcoco; Enrique Villada, vecino de Nezahualcóyotl. Entre los grupos literarios de este municipio se encuentran Poetas en Construcción y Cofradía de Coyotes, del compañero Eduardo Villegas Guevara, que también han desarrollado un gran movimiento literario.
De las y los cronistas del Valle de México podemos mencionar a Alejandro Contla, de Texcoco, gran escritor y preservador de la memoria local. En 1977, dos años antes de que Mario Colín expidiera el Reglamento de Cronistas, Alejandro Contla ya era miembro fundador de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas. Asimismo, la señora Martha Ortega, de Chiconcuac, hoy cronista de Texcoco y que pertenece a la Real Asociación Española de Cronistas.
El siglo XXI
Actualmente hay cronistas sin título y con título; sin embargo, antes los únicos que existían eran los cronistas que se dedicaban a escribir, y así hubo muchos, hasta que se oficializó la crónica. En este contexto hay que dejar testimonio de la gran cantidad de movimientos de cronistas que existen en todo el Estado de México, y todos desarrollan una labor humanista sumamente importante. Por ejemplo, Ricardo Poery, de Naucalpan; Eugenia Alonso Chombo, de Chimalhuacán, y Fernando Bojorges Oliva, de Ozumba.
Algunos del Valle de Toluca son Gerardo Novo Valencia, de San Felipe del Progreso, cronista capitalino en dos ocasiones; José Luis Alanís Boyso, primer cronista de Tepetlixpa y quien tuvo hasta su muerte el cargo de historiador de Toluca, cargo que no se ha renovado oficialmente, y Margarita García Luna, primera mujer cronista de esta capital.
En la Universidad Autónoma del Estado de México también surgió la crónica. En 1993, Inocente Peñaloza fue designado primer cronista universitario (ahora lo es Carlos Ledesma). Con este nombramiento siguió la instalación del Colegio de Cronistas y se designaron cronistas en cada uno de sus espacios académicos.
El Humanismo universitario contó con pensadores como José Blanco Regueira, de La Coruña, España; Juan Parent, quien comenzó a abordar la vertiente de la paz y la no violencia; el padre Manuel Velázquez, y Noé Héctor Esquivel Estrada, el último personaje vivo de dicho grupo.
Hay que hacer mención también de la Universidad Intercultural. Fue creada en 2003 en San Felipe del Progreso y, posteriormente, se extendió a Temoaya. De igual forma, el sistema público de educación superior, con las universidades tecnológicas que promueven el Humanismo regional. Es también importante el normalismo, nacido en el Instituto Científico y Literario en 1885; en la Normal de Profesores, una de las más antiguas, y la Normal de Texcoco, forman Humanismo a través de la pedagogía y la didáctica.
Es relevante considerar también al Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal, el cual ha contribuido con su grano de arena al Humanismo y promueve la literatura, la historia y la identidad. En la actualidad lo dirige Francisco José Contla Ortega, de Texcoco, quien siempre ha tenido como premisa el rescate de valores humanistas e identitarios.
A modo de cierre
Sobre todo en las últimas décadas, los pueblos originarios han sido fuente de grandes reflexiones y aportaciones humanistas con escritores en cada una de las lenguas. Margarita de la Vega Lázaro, otomí, a quien recientemente le fue entregada la Presea Estado de México; el maestro Esteban Bartolomé Segundo y los mazahuas, o Lorenzo Escamilla Orihuela, de Texcalyacac, pensador y escritor en náhuatl.
La administración de la maestra Delfina Gómez ha hecho una labor de rescate muy importante de los pueblos originarios, lo mismo que la Secretaría de Cultura y Turismo, la cual ha promovido el arraigo y la preservación de las culturas otomí, mazahua, nahua, matlatzinca —ubicada solamente en San Francisco Oxtotilpan, Temascaltepec— y tlahuica —que solo se encuentra en San Miguel Atzingo, Ocuilan—, sin olvidar a los migrantes y afrodescendientes del sur del Estado.
Finalmente, sin duda hay que hablar de los gobiernos humanistas recientes, encabezados a nivel nacional, desde el año 2018, por el presidente Andrés Manuel López Obrador y desde 2024 por la presidenta Claudia Sheinbaum, y a nivel estatal, desde 2023, por la gobernadora Delfina Gómez. No es posible identificar plenamente gobiernos anteriores que específicamente hayan colocado el pensamiento humanista en el centro de su discurso. Sí, la dignidad humana, que es lo primero, pero también el “primero los pobres”, el “no debe haber gobierno rico con pueblo pobre”, el rescate y preservación del medio ambiente, la defensa de los animales y “el poder de servir”. Es digno de destacar el rescate del pensamiento humanista a partir de obras de gobierno, no solo desde el discurso.
Es así como se propone un recuento de los personajes e instituciones que han sido referentes del pensamiento humanista en el Estado de México, considerándolos desde sus distintas áreas de conocimiento y aproximaciones: crónica, historia, antropología, literatura, poesía, periodismo, estudios agrarios, etcétera.
El planteamiento está hecho, ahora cada uno de los referentes debe ser desarrollado en mayores investigaciones o estudios diferenciados para tener un panorama más completo de lo que ha sido el Humanismo Mexiquense.
Referencia
Labastida, J., Bautista y Lugo, G. y Poot Herrera, S. (2017) Sor Juana Inés de la Cruz en nuestro tiempo. Toluca de Lerdo, México: Fondo Editorial Estado de México. Disponible en: https://bibliotecas.diputados.gob.mx/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=293216 (Accedido: 30 de agosto de 2025).
Rodrigo Sánchez Arce es maestro en Estudios para la Paz y el Desarrollo y licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma del Estado de México. Integrante del Comité Técnico del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal (CEAPE) de la Secretaría de Cultura y Turismo del Gobierno del Estado de México. Correo electrónico: rodrigo.pynv@hotmail.com
Este ensayo es producto de la conferencia magistral dictada por Rodrigo Sánchez Arce el 18 de agosto pasado, en el Centro Regional de Cultura de Texcoco Casa del Constituyente, con la que se inició el ciclo de Conferencias Magistrales de Humanismo Mexicano, organizado por el Congreso del Estado de México, por medio del INESLE, el Colegio Mexiquense, A.C. y el IAPEM. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=i7jRtWGsLiI
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