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11 de diciembre 2025
De la narrativa nacional al pensamiento colectivo: repensando el México del futuro
Categoria:
Humanismo Mexicano
Mauricio Valdés Rodríguez
Muy buenos días tengan todos ustedes. Van a escuchar un discurso extraño y antiguo, porque yo empiezo por decirles “a todos muy buenos días” y no “a todas y a todes y a todos los demás”. Soy muy a la antigüita, así es que, de entrada, me van a disculpar esas faltas.
Me ha encargado abordar el Humanismo Mexicano mi amigo Juan Carlos Villarreal Martínez, quien le está dando vida a este Instituto de Estudios Legislativos (INESLE). Es un instituto que, aunque tiene muchos años, es la primera vez que lo veo muy activo, siendo una institución muy importante para los ciudadanos del Estado de México, porque es la parte que puede ayudar en el pensamiento moderno a los legisladores. Los legisladores son representantes populares y requieren siempre de alguien que les apoye con estos trabajos como los que ahora organiza Juan Carlos, y por ello le agradezco la invitación.
Me da gusto saludar a Roberto Arturo Rodríguez Reyes, mal llamado “encargado” de la Dirección del Instituto de Políticas Públicas del Estado de México y sus Municipios (IAPEM). Digo mal llamado porque, encargado o no encargado, cumple las funciones de director, pero ya ven ustedes que en esto del discurso moderno hay que llamarle a las cosas así, aunque se oiga feo. Saludo también a los dos ponentes; quien viene de la Universidad de Guadalajara tocará un tema muy importante desde la parte filosófica. Doctora Onoria Céspedes Argote, bienvenida también.
Cuando me pidió Juan Carlos que trabajara el tema del Humanismo, lo primero que recordé fue que hace como unos 20 años intentamos el registro del Partido Humanista del Estado de México. Tuvimos que esperar 20 años para que se dieran cuenta de que hay una ideología humanista, que por cierto es muy antigua, pero siempre es bueno refrescarla ante los acontecimientos de hoy, porque el Humanismo histórico, el nacional, es patrimonio de todos, lo van a ir viendo. Es patrimonio de todos, no de un grupo ni de un gobierno. Ni siquiera de un partido. Es un patrimonio de todos los mexicanos porque lo traemos en la propia cultura que hemos ido abrevando por generaciones. Yo les diría que es parte de nuestra identidad como mexicanos, más allá de nuestra identidad como seres humanos, porque el ser humano por naturaleza tiende a ser humanista (algunos no lo parecen, pero ya verán que sí).
La lucha de los humanistas es lograr un Estado constitucional democrático que haga incuestionables las formas representativas, la forma de república federal, pero algo que se olvida es el protagonismo del ciudadano. Ahí viene la esencia precisamente de lo que implica el ser humanista: el centro del Humanismo es el ser humano, es pensar y repensar en términos de que todo va a ser para beneficio del ser humano. Lo van a ir viendo conforme vayamos conversando.
¿Qué le ha pasado a México en los últimos 40 años? La transformación de lo rural a lo urbano nos ha generado una serie de distorsiones que han afectado, precisamente, al ser humano. Se habla todavía, por ejemplo, de la cultura de la milpa. Aunque estemos por aquí, en las colonias de Nezahualcóyotl o de Chalco la gente recuerda: “las tortillas buenas eran en mi pueblo, aquí ya son otra cosa”. Nos hablan incluso de los maíces transgénicos y toda esta cuestión. Parece que se olvida, justamente, que lo que busca el Humanismo es eso que tenemos en la cultura de la milpa, que es la armonía familiar y la armonía social. Y de ahí precisamente es que busca el Humanismo desde tiempos históricos.
No me quiero meter mucho a esa parte porque tengo siempre la tentación. Cuando nos encargaron coordinar los esfuerzos para realizar un proyecto de reforma integral a la Constitución del Estado de México, revisamos todos los antecedentes constitucionales de nuestro estado. Ayer se recordaba a José María Luis Mora, en homenaje a quien se le denominó Texcoco de Mora, ya que la primera Constitución se aprobó allá por 1827, nada menos que en Texcoco. Cuando fui presidente municipal tuve la oportunidad de rescatar lo que hoy se conoce como la Casa del Constituyente, que es casi la única fachada que queda de aquella época. Todo se fue destruyendo. Texcoco no pudo ser capital por más de cuatro meses, pero ahí se aprobó la primera Constitución y es una Constitución humanista.
Esto no podía ser de otra manera, porque la mayoría de los legisladores eran sacerdotes y sesionaban no en la Casa del Constituyente, sino en la iglesia de San Juan de Dios. Curiosamente, lo que ocurrió entonces con el naciente Estado de México es que lo habían despojado de su capital, que era la Ciudad de México. Y quien firma la primera Constitución del Estado es un destacado político de aquella época, Melchor Múzquiz, quien por casualidad era gobernador, ya que el Congreso había señalado a otro personaje de Querétaro, por cierto, quien al enterarse de dicha designación dijo: "No, yo no quiero ir al Estado de México, ni lo conozco. ¿Qué es eso? ¿Es la provincia de México? ¿La antigua Nueva España?”. Ya que no quiso, Iturbide dijo: “Entonces que venga aquí Melchor Múzquiz”.
¿Qué es lo que busca entonces el Humanismo? Un Estado de responsabilidad social. Responsabilidad social no es la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros, algunos irresponsables. Me refiero a la responsabilidad del conjunto de la sociedad y que tiene que ver con proteger el presente, pero también el futuro. Con frecuencia no pensamos en las generaciones futuras.
Esta es una parte importante del Humanismo, y que en el proyecto de reforma integral a la Constitución, que tiene ya la Cámara de Diputados, se incluye: el que se toquen temas, valores fundamentales del Humanismo, por ejemplo, la dignidad. La dignidad es muy importante como una garantía que está en la Constitución. Todos los ciudadanos tenemos derecho a que nos respeten nuestra dignidad, porque la dignidad es respeto. Empezamos por respetarnos a nosotros mismos y luego a respetar a los demás. La responsabilidad social tiene que ver con el significado del Humanismo.
Es el sentido, por ejemplo, de por qué aumentar los salarios. ¿Por qué se promueve el aumento de los salarios de forma general? La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha realizado un gran trabajo en esa materia, se había perdido el poder adquisitivo de los salarios. Pero recuerden que un elemento fundamental para construir un Estado constitucionalmente democrático es el empleo, además, con buenos salarios. Lo que hace la Presidenta es precisamente remover esto con un gran esfuerzo.
El Humanismo en México no es como si viviéramos en una isla. No es solo Humanismo para México, sino también para el ser humano universal. Nos duele, por ejemplo, lo que está pasando con las medidas antiinmigrantes del presidente Donald Trump; decimos: “¿Este señor no tendrá un poquito de humanidad para tratar a los migrantes?”. Al respecto, les platico una experiencia muy breve. Cuando estuve en el Senado intentamos hacer un recorrido con un grupo de senadores por todos los centros de detención que ya entonces había. Estoy hablando de 1996. Nos dijeron en el gobierno: “No es conveniente, no vayan a provocar”. Toda esa manera de pensar viene desde aquel despojo que nos hicieron a los mexicanos en 1848 de más de la mitad del territorio donde hoy se ubican los dos estados pilares de la economía norteamericana: Texas y California, para tenerlo presente. Este fue un golpe tan duro que no nos permite hoy reclamar ni siquiera este maltrato a los migrantes.
¿Qué pasa hoy en México con el Humanismo? Lo que abunda más bien es un escepticismo sobre el Humanismo. ¿Cómo podemos hablar de Humanismo cuando estamos padeciendo desocupación e inflación? A pesar de que la tasa nos diga que andamos por el 2 %, 3 %, 5 %, cuando el ciudadano compra un medicamento observa el incremento de precios, pero eso no se midió, porque lo que mide esto es la canasta básica. No voy a perderme mucho en esto. Tocaré temas muy concretos del Humanismo que me parecen relevantes por esa transformación del país de rural a urbano, lo que me parece que trasciende al Humanismo.
Recordemos que en esta etapa el gobierno de la república está promoviendo la reivindicación de los derechos de las comunidades originarias. Ese es el Humanismo. Cuántos años, cuántas décadas, cuántos siglos vimos a las comunidades originarias apagadas, resistiendo todo tipo de golpes hasta perder el agua, sus tierras y hasta sus lenguas. Hoy hay una reivindicación de esos derechos. Es una muestra palpable del Humanismo de la presidenta.
Otro aspecto es la economía nacional y las cosas que faltan. ¿No sería más humano que los que estamos en esta sala afuera conociéramos bien lo que significa el presupuesto del gobierno para el próximo año? No es una cuestión técnica. En otros países la lucha política se da por el presupuesto de ingresos; es decir, ¿de dónde va a sacar el gobierno dinero?, ¿qué nos va a quitar del bolsillo? Aquí nadie se preocupa de eso. No nos enteramos de la parte de los ingresos, pero tendríamos que hacerlo para tener ese conocimiento y entendimiento de lo que es y de lo que es el presupuesto de egresos.
Yo creo que nadie está en contra, por ejemplo, de los programas sociales. Mal haría. En un país con la desigualdad que tenemos, eso ayuda a atenuarla, precisamente, y por eso es claramente una política de Humanismo. Pero vuelvo a los ingresos: ¿De dónde va a salir y por cuánto tiempo? No queremos que el día de mañana nos digan que para seguir manteniendo este programa hay que pedir prestado, que no va a alcanzar o que nos van a subir un impuesto, porque entonces vamos a empezar a protestar. Todas estas cuestiones parecen muy técnicas en relación con la economía nacional, pero ese es el Humanismo: entenderlo en esas dimensiones de la economía.
Luego tendríamos también el tema favorito de muchos que estamos aquí: el municipio. El municipio es una entidad de naturaleza humanista. ¿Por qué? Porque es el gobierno más cercano al ciudadano, a la familia y al individuo, o debía serlo. Es una institución que ha predominado por más de 500 años. Esa es la raíz de nuestro Humanismo. De todos los cargos que he tenido el privilegio de ocupar, ese es el que más me gustó. Tenía 25 años de edad y fui presidente de Texcoco, el más joven que ha tenido el municipio. Me encantó el cargo por esa cercanía que tenía con el ciudadano, por la confianza que logra uno, los regidores, los síndicos, si es que se dedican a trabajar con la gente. Después de la familia, el conjunto de familias hacen el municipio. Antes se llamaban calpullis, teníamos antecedentes desde la época prehispánica, no es que haya venido un sistema español y que trajo el municipio romano, no, siempre ha habido la necesidad de tener un gobierno cercano a la gente. Ese es el ideal del gobierno municipal.
También podríamos comentar otras medidas importantes que toma un gobierno humanista: la remuneración y las plazas de los servidores públicos; el colocar a los servidores públicos, como decía Juárez, con salarios en la medianía. El decoro, sí, pero no es un cargo público para que se hagan millonarios. Muchos se equivocan actualmente, del partido que sea, ya que piensan: “ahora sí la revolución me va a hacer justicia”. Pierden el sentido de un cargo público, que es una distinción enorme dentro de la sociedad. Sí, debe haber un salario decoroso y digno, pero no para volverse millonario. Y creen que no se da cuenta el pueblo, pero el pueblo sabe cómo llegó, cómo termina y cómo está la familia.
Verán también otros planes que ha anunciado el gobierno, van a ver por qué son humanistas: un Plan Nacional de Transporte. Les doy un dato: 92% de los mexicanos se transportan en autobuses. Si no hay una reforma ahí, ¿dónde está el Humanismo? ¿Cuál es el trato humano que cuida el gobierno? Por eso a mí me molesta mucho cuando veo a un funcionario que se pavonea por una pequeña medida que hizo e ignora cómo se transporta la gente, como aquí en esta zona, y cómo corre riesgos y paga el doble de pasaje que en la Ciudad de México, y no hace nada.
Y eso viene también de origen porque la división de Ciudad de México con el Estado de México fue arbitraria. ¿Por qué se quedaron Tláhuac y Milpa Alta en la Ciudad de México y dejaron a Chalco, Ixtapaluca y Los Reyes La Paz acá? ¿Qué culpa tiene una persona de la tercera edad como yo de tener que pagar aquí mis pasajes, y si voy a la Ciudad de México, ahí no pago nada? El transporte para nosotros es gratis. ¿Dónde están las medidas humanistas del transporte aquí? Lo menciono porque ese es el Humanismo.
Hay más Humanismo para el transporte en la Ciudad de México que aquí, obviamente, pero con los planes de transporte va a haber claramente el ferrocarril que van a construir aquí. Hay muchas cosas qué decir del transporte, pero solo lo menciono porque aquí en el transporte notamos claramente la diferencia entre el Humanismo de la Ciudad de México y la falta de Humanismo en el Estado de México. ¿O lo quieren ver ustedes en las vialidades? ¿Les parece justo tener autopistas como la México-Texcoco, la de El Peñón, donde a veces tenemos que perder, qué sé yo, 20 minutos o 30 minutos para poder pasar la caseta de peaje? Para eso no son las autopistas. Las autopistas son para rápido, viaje fluido, seguro, pero en el Circuito Exterior Mexiquense las quejas son de asaltos, así como en el Arco Norte. Entonces, esos son los ejemplos de falta de Humanismo. Se toma la medida de hacer una autopista, pero se descuida que el que hace la concesión de la autopista su principal interés es “cuánto voy a ganar”, cuando tendríamos que regular esas autopistas con un sentido humano.
Un plan forestal. Se nos están acabando nuestros bosques y hay una delincuencia en los bosques de tráfico de madera tremendo. Pues ahí necesitamos medidas humanistas, porque si no, nuestras próximas generaciones no van a tener agua, que es para lo que tenemos los bosques, para tener un ambiente sano. Lo mismo la reactivación de la producción agrícola, medidas no económicas, medidas humanistas, porque requerimos tener alimentos. ¿Qué hacemos entonces? ¿Dónde están esas medidas humanistas?
Y termino con dos temas que van de la mano: educación y salud. El origen de nuestros males es la ignorancia. Piénsenlo y vean. ¿Qué tenemos que combatir? La ignorancia. ¿Cómo? Con educación, pero al mismo tiempo con salud. Salud y educación van de la mano. Una persona educada es una persona que cuida su salud. Eso es ser humanista.
Respecto al futuro, porque me dijeron que habláramos de dónde venimos, el presente y el futuro, y ahí me cuesta más trabajo, pero les quiero decir algo: del pasado no podemos borrar muchas cosas, podemos aprender. Tenemos el presente, el hoy. Cuando este país me recibió a los 18 años, había hecho un compromiso y trato de cumplirlo siempre: que a este país lo dejara mejor de como me recibía, y en algunas cosas en las que he podido, así será. Pero me duele que haya otras en las que, lamentablemente, no lo veo, y creo que tenemos que seguir luchando, porque hay que pacificar al país y hay que pacificarlo como sea necesario. Por el bien de todos, primero los pobres, pero también, en esta calidad de justicia, que no haya impunidad y que todos estemos pendientes de la seguridad hoy y mañana.
Muchas gracias.
Mauricio Valdés Rodríguez es Maestro en Ciencias Políticas y Administración Pública por la London School of Economics and Political Sciences, Inglaterra; licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha sido presidente municipal de Texcoco, diputado federal en dos ocasiones, senador de la República y embajador de México en Dinamarca. También ha ocupado cargos relevantes en administración pública, como presidente del Instituto de Administración Pública del Estado de México y consejero del Instituto Nacional de Administración Pública. Correo electrónico: valdesmiguelangel@gmail.com
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