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11 de diciembre 2025

El Humanismo Mexicano: entre dos mitos




Categoria:

Humanismo Mexicano

 

David Bak Geler

Universidad de Guadalajara

 

Buenas tardes. Muchísimas gracias. Gracias por haber llegado al final de este congreso. Muchas gracias por la invitación. Tuve la fantástica suerte de coincidir en Toluca hace unos meses con Juan Carlos Villarreal Martínez, presentando uno de mis libros, y la invitación a este congreso es una de las más inesperadas y mejores consecuencias de ese encuentro. 

Quiero realmente agradecer y reconocer a quienes han organizado este congreso, que no es de verdad cualquier congreso, sino que es un congreso urgente. Entre más nuevos, poderosos y misteriosos son los conceptos y los temas que nos congregan, más urgente es pensarlos, y pensarlos en común. No simplemente traer cada quien su versión final de qué es el Humanismo Mexicano, sino, un poco como si fuera un mosaico que construimos en común, cada quien traer su pequeña pieza. Y las piezas que yo he escuchado me han enriquecido, y me alegra mucho que me invitaran a mí a poner también mi pieza en este congreso del Humanismo Mexicano. 

Quiero agradecer la invitación y la hospitalidad empezando con un acto de honestidad. Y honestidad no tiene que ser penitencia necesariamente, no arrepentimiento, pero sí quiero platicarles cuál era mi idea sobre el Humanismo en general antes de ese noviembre del año 2022 en el que, cumpliendo cuatro años de gobierno, Andrés Manuel López Obrador propuso llamar al ideario de la Cuarta Transformación “Humanismo Mexicano”. Y ese acto, esa propuesta, es la que nos tiene acá, pero antes de esa fecha yo tenía algunas ideas sobre el Humanismo, y el acto de honestidad que quiero hacer es decirles que eran ideas muy negativas. Yo tenía (y no soy el único, lo comparto con muchos filósofos, sociólogos, antropólogos, diferentes teóricos) una gran sospecha sobre esta idea del Humanismo. 

Para explicarles sintéticamente por qué estaba tan desconfiado del Humanismo, escogí tres citas con las cuales yo les hubiera respondido si me hubieran preguntado: ¿y tú qué piensas sobre el Humanismo en general?, antes de esta fecha del 2022. Entonces quiero empezar poniéndoles estas citas sobre posturas críticas del Humanismo en general. 

La primera cita es de un teórico muy famoso, Althusser. No importan realmente los argumentos tan finos, sino más bien lo que me interesa es la conclusión de cada una de estas citas, y dice esto: “Se debe y se puede hablar abiertamente de un anti-humanismo teórico de Marx y se debe ver en este anti-humanismo teórico la condición de posibilidad absoluta del conocimiento del mundo humano mismo, y de su transformación práctica” (Althusser, 2004). Y aquí lo que más me interesa: “Sólo se puede conocer algo de los hombres a condición de reducir a cenizas el mito filosófico del humanismo” (Althusser, 2004). El Humanismo como un mito filosófico. 

Y la siguiente cita empieza justamente donde termina esta idea:

El mito de la condición humana descansa en una mistificación muy vieja, que consiste en colocar siempre la naturaleza en el fondo de la historia. El humanismo clásico postula que raspando un poco la historia de los hombres, la relatividad de sus instituciones o la diferencia superficial de su piel se llega rápidamente a la capa profunda de una naturaleza humana universal (Barthes, 2006).

O sea, realmente rascándole un poquito revela su carácter de mito. 

Y la tercera cita que quiero presentarles es la de Foucault, un teórico que seguramente han escuchado, muy importante, y dice: 

Entiendo por humanismo el conjunto de los discursos mediante los cuales se le ha dicho al hombre occidental: “Pese a que no ejerces el poder, puedes, de todas formas, ser soberano. Más aún, cuanto más renuncies a ejercer el poder y más te sometas a quien se te ha impuesto, más soberano serás” (Foucault, 2019).

Escogí estas tres citas porque revelan con toda contundencia y brutalidad una idea muy negativa del Humanismo. Y lo que realmente dicen estas tres citas es que el Humanismo es un mito malo. Es un mito porque, al endiosar al ser humano, oscurece a los seres humanos particulares. Es un mito malo porque nos impide cambiar la sociedad al concentrarnos en una idealización, por supuesto occidental y europea, del ser humano, y no en sus particularidades o en las estructuras que ayudan a dominarlo. 

Entonces, mi acto de honestidad implica confesarles que antes de noviembre del 2022 mi idea del Humanismo hubiera sido la de un mito que ayuda a la dominación de unas personas por otras. Entonces, cuando López Obrador llamó Humanismo Mexicano a la serie de ideas y de prácticas que conforman este proceso de transformación en México, yo me quedé al principio un  poco impactado: ¿qué voy a hacer? Yo creo en este proceso de transformación, creo que las ideas a las que se les está llamando Humanismo Mexicano son verdaderamente importantes, pero el nombre me remite a un mito malo, a un mito de la dominación colonial, a un mito de la hipocresía intelectual de decir que el ser humano es fantástico, pero mantenerlo realmente en sus cadenas.

Entonces, lo que me puse a pensar y a dialogar con otros, y ha sido un proceso, es pensar el Humanismo Mexicano como un mito alterno. Es también un mito porque hace generalizaciones, porque tiene un misterio, porque dice cosas que no acabamos de comprender, pero es un mito que, al contrario de este otro mito de dominación, me parece que tiene el propósito opuesto. Es un mito de liberación, es un mito no de opacidad, sino de transparencia, de conglomerar una serie de principios que pretenden ayudar a la liberación de un pueblo. Entonces, mi conferencia de hoy se titula “El Humanismo Mexicano: entre dos mitos”. Uno, el mito del Humanismo clásico, que ha sido muy criticado. Por supuesto, esto nos podría tomar discusiones aparte muy interesantes, pero que proviene de una cultura particular que enfrenta al hombre de manera abstracta y a menudo exagerada. Y este otro mito urgente, práctico, de liberación. 

Quiero platicarles cuáles son las tres características que creo que tiene el mito del Humanismo Mexicano, el mito que se le opone a estos otros humanismos, porque hay un menú de humanismos que podemos sacar: renacentista, italiano, francés, socialdemócrata; se ha ido acumulando un largo menú de humanismos.

Lo que quiero decirles es que el Humanismo Mexicano es otra cosa, no es uno más en ese menú de humanismos. Y lo creo porque el Humanismo Mexicano tiene tres características que este otro Humanismo, el mito malo del Humanismo, no tiene: es un mito plebeyo, es un mito común y es un mito de la identidad nacional emancipadora. Voy a ir por pasos hablando de esto. 

Lo primero, plebeyo. ¿Qué quiere decir que el Humanismo Mexicano sea un mito plebeyo? Habría que voltear a ver primero a estos otros humanismos del menú que les acabo de referir, los cuales tienen algo en común: son elitistas. Habrán escuchado seguramente, en el transcurso del congreso y de su vida, cuando a alguien le preguntan qué es el Humanismo, lo primero que viene a la cabeza es esta cita de Terencio, el pensador latino: “Soy humano y nada de lo humano me es ajeno”. Creo que para la mayoría de los humanistas algunas cosas les son más ajenas y más cercanas que otras. Y las que les son más próximas son la retórica, la gramática, las bellas artes, las del ámbito de la cultura que llamamos elitista, y las que les son más ajenas son las de la fiesta popular, el carnaval, Chico Che.

Nunca he escuchado un Humanismo de Chico Che o un humanista realmente emocionado con la música tropical. Hay cosas que a los humanistas clásicos les son más ajenas y más cercanas, y las que les son más cercanas son las elitistas. En alguna de mis lecturas de investigación para esta ponencia, no encontré la referencia, pero escuché, leí, que alguien definía el Humanismo como “el culto del hombre culto, el hombre que se cultiva, que sabe muchas lenguas”; se hace un culto a este hombre. Pues bien, de hecho encontré otra cita que me parece muy pertinente de Méndez Plancarte, un gran estudioso del Humanismo Mexicano y quien confiesa el carácter elitista de los humanismos en general. Se las voy a leer:

Es verdad —¿a qué negarlo?– que en la realidad de los hechos muchas veces los humanistas del Renacimiento europeo, movidos por un cierto aristocratismo… huían el contacto del pueblo, temiendo manchar sus manos finas y pálidas, y preferían egoístamente las delicias de la torre de marfil. Pero, al menos en teoría, el humanismo renacentista exaltaba la dignidad inviolable de toda persona humana (Méndez Plancarte, 1949).

En teoría, sí, todos; pero en la práctica más bien los de las manos blancas, finas y la torre de marfil. El Humanismo Mexicano propone darle la vuelta a esto, hacer del Humanismo no un mito de la élite y de la cultura necesariamente escrita, sino más bien un mito de las fuentes plebeyas. Y lo primero que tenemos que pensar de las fuentes plebeyas es que normalmente no las encontramos en una forma escrita. 

Cuando yo estaba pensando quiénes y cuáles eran estas fuentes plebeyas que alimentan el Humanismo Mexicano en contra de los escritores y los académicos (que también pueden participar, pero no son los actores principales), recordé a este famoso personaje anónimo que ha tenido mucha importancia en el discurso de la Cuarta Transformación, que es el famoso migrante de San Quintín, ¿les suena? López Obrador ha contado muchas veces que durante sus giras en Baja California, o durante una de sus giras, se le acercó un migrante del que nunca se ha sabido su nombre, aunque sí se le ha aplaudido públicamente, quien después del acto protocolario se le acercó y le dijo: "Licenciado, tiene que hacer algo parecido a lo que Benito Juárez hizo. Benito Juárez separó el poder de la Iglesia del poder político. Usted tiene que separar el poder económico del poder político, porque al César, lo que es del César”.

Este pedazo de brillante condensación de teoría política no vino de las universidades ni de las escuelas. Vino de un migrante que logró condensar una serie de diferentes tradiciones religiosas y políticas para transmitir, con un poder y con una potencia, un ideal que nadie que yo conozca en la academia ha replicado. Esto me parece un síntoma completo del giro plebeyo del Humanismo. El sujeto que nutre el Humanismo Mexicano no somos, ni sobre todo ni en primer lugar ni en segundo, los que escribimos los libros. El Humanismo Mexicano se nutre de fuentes plebeyas y esas fuentes son gente como el migrante de San Quintín que quedan anónimas, pero también se nutre de fuentes musicales, pictóricas y que normalmente no hemos tomado en consideración. 

Entonces resulta que el mito clásico del Humanismo endiosa al hombre de la alta cultura. Normalmente, además, al hombre y no a la mujer. Lo que el Humanismo plebeyo tiene que hacer es olvidarse del dominio de la cultura elitista, prioritariamente escrita, y abrir, como si fuera una presa que se abre a un nuevo río, abrirse a toda esta serie de enriquecimientos culturales que vienen de la música, de la cultura oral y popular, de la gráfica. Esta sería su primera característica, ser un Humanismo plebeyo. 

La segunda característica es ser un Humanismo común. El mito que criticamos al comienzo, se ha dedicado no a ser un Humanismo común, sino más bien a ser un Humanismo individual. Ha celebrado los poderes de los individuos particulares, pero cuando se trata de comunidad y de lo común, le cuesta mucho trabajo hacer justicia. El Humanismo Mexicano le da cabida a lo común en tres sentidos distintos que tiene esta palabra. 

Uno de los sentidos que tiene la palabra “común” se refiere a lo colectivo. Podemos perfectamente decir (y lo hemos escuchado, al menos hoy lo he escuchado mucho) que el sujeto del Humanismo Mexicano es colectivo. En este sentido, esta frase de López Obrador (de la conferencia matutina del 13 de octubre de 2023) me pareció muy sintética: “¿Cómo creamos este Humanismo Mexicano con su economía moral? ¿Quién lo creó? Todos, todos los mexicanos. Es fruto de nuestro movimiento. Todos hemos contribuido, todos hemos participado, y a mí me toca articularlo. Y lo vamos a patentar”. Este carácter colectivo de creación de un Humanismo nunca se había dado. Los humanismos se han formado a través de los siglos a partir de, sobre todo, contribuciones de grandes individuos. Pero esta idea de que todos hacemos Humanismo es un rompimiento completo con la lógica del Humanismo.

También leyendo e investigando para esta conferencia, leí las pocas páginas que López Obrador dedica al Humanismo Mexicano en el último libro que escribió, que se llama Gracias. Y me pareció muy interesante, porque entre las pocas fuentes que él reconoce que nutren al Humanismo Mexicano habla de la propiedad colectiva de la tierra y de una larga tradición de prácticas de ayuda mutua que existen en México. En ese sentido, el Humanismo Mexicano se distingue de todos los otros. Sus fuentes somos todos, pero además son prácticas en las que colaboramos todos, como las prácticas antiquísimas de posesión colectiva de la tierra. En el primer sentido de lo común, el Humanismo Mexicano es colectivo.

El siguiente sentido de lo común es lo general. El Humanismo clásico, este mito malo del que les vengo hablando, se refiere muchas veces al ser humano, pero al ser humano en una abstracción muy general y por eso puede ser a veces tramposo, porque si yo me paro acá a hablar maravillas del ser humano en abstracto, puede ser una buena estrategia para no hablar de las diferencias de clases, de oportunidades, de culturas. Y de nuevo esta cita de López Obrador me parece muy ilustrativa. Es una crítica a unas personas que durante mucho tiempo en México se las dieron de humanistas. Si uno le hubiera preguntado hace 10 o 15 años a Krauze o a Aguilar Camín, incluso si uno les pregunta tal vez hoy, dirían ellos que también son humanistas. Entonces es muy importante hacer distinciones de qué tipo de humanistas somos. Y esta es una cita que me pareció muy ilustradora:

En el pensamiento de estos señores, de Krauze, de Aguilar Camín, no existen los obreros, no existe el trabajador, no tienen en la cabeza a los campesinos ni a los pescadores, ni mucho menos a los indígenas, son ladinos, están nada más pensando en los de arriba, la clase media y alta, la mayoría de los mexicanos no cuentan para ellos (López Obrador, 2021).

El Humanismo Mexicano es común en el sentido de una generalidad, pero una generalidad concreta. No es simplemente el ser humano, sino que son los pescadores, los obreros, los indígenas, los maestros, las mujeres. Es esta generalidad a la que le ponemos concreción, la que puede ser verdaderamente liberadora. Cuando hablamos de los seres humanos en general, puede ser más bien un buen escudo para gente con intereses tan claros como estos que se refieren en la cita para escudarse detrás de una abstracción. 

Y el tercer sentido en que el Humanismo Mexicano es común es en el sentido de lo ordinario. Yo me he dedicado a trabajar en los libros que he publicado sobre el lenguaje ordinario. Viendo a mis colegas en la academia veo que tratan sobre un lenguaje muy culto, muy venerable, muy técnico. A mí me parece muy respetable, pero me pareció que nuestro tiempo demanda darle más atención al lenguaje común y corriente. Entonces he hecho algunos libros, como uno que se llama Reparto de máscaras. Paleros, acarreados y reventadores, o uno que se llama Ternuritas, y ya los títulos dicen qué tipo de lenguaje me parece que tenemos que analizar, discutir y platicar. 

El Humanismo Mexicano toma este lenguaje común y corriente como su objeto. De nuevo, revisando mis notas de cuando escribí Ternuritas, leí todos los conceptos que se discutían en la mañanera para darle un nuevo vocabulario al Humanismo Mexicano. Y estos conceptos no eran conceptos técnicos, sino que son conceptos comunes y corrientes, como algunos que están acá: corrupción, pueblo, paternalismo. Todo tipo de palabra que surgía se llevaba al ámbito público para discutirla, porque la materia prima del Humanismo Mexicano es lo común; también en el sentido de lo común y corriente, de lo cotidiano y de lo ordinario, de nuestra música que escuchamos todos los días, del lenguaje que escuchamos todos los días. En este sentido, el Humanismo Mexicano, me parece, le da la vuelta a cualquier otro tipo de Humanismo, porque apuesta todo por ser una creación común.

En último lugar de estas tres características que quiero platicarles de cómo el mito del Humanismo Mexicano ha podido revertir la tradición humanista que conocíamos, está la de ser un mito de la identidad nacional liberadora. Estoy más que seguro de que a estas alturas del congreso y de la vida, todas y todos sabemos que el Humanismo Mexicano es un mito de identidad. Digamos, por ejemplo, los que hemos estado escuchando a López Obrador, oímos muchas veces que el Humanismo Mexicano es sobre nuestras tradiciones, nuestra riqueza y nuestra cultura. Y este nuestro, nuestro, nuestro podría poner nerviosas y nerviosos a algunos, quienes podrían pensar: “bueno, esto es como un acto un poco narcisista de voltearnos a ver el ombligo”, pero lo que creo es que el Humanismo Mexicano es un mito de la construcción de identidad de una manera que no es tóxica ni nociva, sino que es más bien liberadora. 

Para esto quiero tomar prestada una visión de un filósofo mexicano que me gusta mucho, Luis Villoro, quien tiene un texto que les recomiendo mucho, que se llama “Sobre la identidad de los pueblos”. En este texto distingue dos formas en las que tanto las personas como los pueblos pueden crear una identidad propia. A la primera le llama “la identidad por singularidad” y consiste en distinguirse de todos los demás singularizándose como único. Nos pasa individualmente cuando tenemos, por ejemplo, una crisis en la adolescencia o una crisis de identidad, algunas personas reaccionan queriéndose distinguir de todos y de todas las demás; buscamos qué es lo único, lo distintivo y lo singular en nosotros. Pero esta forma de singularizarse puede ser muy excluyente.

Villoro dice que hay diferentes tipos de identidad por singularidad. A la primera le llama “chocarrera”. ¿Cuál sería una traducción buena de “chocarrera”? No sé, tal vez la más aguada y cotidiana. Y esta forma de singularidad me parece que la escuchamos mucho en México cuando se hablaba de nuestra identidad durante el periodo neoliberal. Prendíamos la tele y veíamos anuncios, por ejemplo, de “México es cultura”. Pero esta es una especie de singularización un poco vacía y vana. No se nos decía qué culturas somos o de qué colores somos. O, por ejemplo, el nacionalismo que apuesta todo a la selección mexicana y nos golpeamos el pecho diciendo: "Somos mexicanos, nos ponemos la camiseta, somos tan únicos". Esa es una forma de singularizarse que no es que sea grave, no causa grandes consecuencias, pero realmente no es una identidad mexicana productiva, creativa y liberadora. Y también, en esta forma de singularizarse con la identidad, no solo se da en estas formas chocarreras, sino que también se da a veces en formas intelectuales. Quienes hayan leído el libro de Octavio Paz, El laberinto de la soledad, habrán visto que habla sobre la singularidad del mexicano. Somos cerrados, somos un poco con dos caras, tenemos cualidades esenciales y definitivas y esta es una forma de distinguirse de las demás y de los demás de esta forma de la singularización. 

Pero Luis Villoro dice que esa no es la única forma de la singularización y de buscar nuestra identidad común. Hay otra, que no se trata de distinguirse simplemente de las y los demás, sino de encontrar las cosas que compartimos y ver cómo nosotros las ponemos concretamente en acción, cómo las traemos al mundo de una manera que ningún otro pueblo las trae. Y la distinción más esencial entre estas dos formas de identidad es cómo tratamos el pasado. La forma de singularizarse voltea al pasado y encuentra en él la respuesta a todas las preguntas. En el pasado encuentra el destino de los pueblos.

Se ha hecho muy común este eslogan político que popularizó Trump, pero ahora se lo copia Milei y creo que ya hay mexicanos que quieren copiárselo también: el programa político de volver al pasado. Trump dice “Make America great again”; Milei ahora dice "Volvamos a Argentina otra vez grande", y ya hay algunos actores políticos en México, y lo vamos a escuchar cada vez más, que dicen "Hagamos a México grande otra vez". Y esta es justamente la vía de la singularidad, la vía de voltear al pasado y decir: "Ahí está la respuesta, porque en el pasado es cuando éramos grandes y solo tenemos que voltear a él y repetirlo”. 

Pero la vía de la autenticidad, que es la del mito del Humanismo Mexicano, propone otra visión del pasado. Y me ha gustado mucho escuchar a las y los historiadores sobre su visión del pasado, porque es completamente congruente con esto que les estoy platicando. Volteamos a ver el pasado no para encontrar nuestro destino y nuestras respuestas definitivas, sino con los deseos, las intenciones y las necesidades que tenemos en el presente y que tenemos viendo al futuro. Volteamos al pasado para ver cómo nos pueden ayudar en estos diferentes retos, pero los retos actuales y los retos futuros. Esta es la vía de la autenticidad y es una vía de la identidad que no es excluyente, permite dialogar con otros pueblos que también están intentando encontrar su propia identidad. Creo que el mito del Humanismo Mexicano nos está proponiendo una identidad auténtica y no teníamos esta posibilidad recientemente. Nos está proponiendo un mito que nos permite tener un un proyecto a futuro. 

Me gustaría leer esta última cita de Luis Villoro, justamente sobre qué es este proyecto de la identidad de un pueblo que sea una identidad auténtica:

La identidad sería, en esta concepción, una representación imaginaria, propuesta a una colectividad, de un ideal que podría satisfacer sus necesidades y deseos básicos. La vía para encontrarla no sería el descubrimiento de una realidad propia escondida, sino la asunción de ciertos valores coherentes con su realidad. La identidad no sería un dato, sino un proyecto (Villoro, 1998)

La identidad no es algo que encontramos ahí en la camiseta mexicana, en la selección de futbol, en los bailes típicos o en el pasado. Es algo que construimos, es una construcción imaginaria. Y por eso he querido llamarlo un mito, no para desacreditarlo, no para quitarle potencia, sino todo lo contrario: para remarcar su carácter de creación imaginaria y de creación colectiva. 

Entonces, lo que yo quería platicarles esta tarde era justamente la novedad y lo emocionante de estar metidas y metidos en medio de un proyecto que retoma un mito que se ha tratado y tratado durante los últimos 500 años, sobre todo en lugares muy ajenos a nosotros, que no nos ha tomado principalmente en cuenta como protagonistas y que ahora estamos intentando darle la vuelta para crear un mito completamente alternativo, nuevo y poderoso. 

Quería concluir diciendo que este mito, como todos los mitos y como el otro mito negativo, también puede ser fuente de peligro. También, como el mito clásico del Humanismo, puede servir para oscurecer y para disfrazarse. Por ejemplo, el día que los académicos secuestren el Humanismo Mexicano y digan: "Solo nosotros y nosotras sabemos de qué va este proyecto”, ese día se volverá un mito malo, porque será un mito que se cierra a las fuentes plebeyas, que se cierra a las fuentes comunes y que deja de ser una construcción colectiva de identidad. También desde la política se puede volver un mito nocivo. Podemos imaginar, por ejemplo, políticos que vean por sus propios intereses, pero expresen el discurso de que el hombre es fantástico y la mujer mexicana es una maravilla, y luego se voltean y hacen lo mismo que hacían durante el oscuro periodo neoliberal. 

Entonces, yo quería concluir con una invitación, con la invitación de resguardar y de impulsar a futuro el mito del Humanismo Mexicano, pero haciéndonos cargo y haciéndonos responsables de defender estas características tan novedosas, tan nuevas y tan poderosas como son la característica plebeya, la característica común y la característica de una identidad propia y nacional, pero que esté abierto a las demás y abierto al mundo.

Mientras estas tres características sigan vivas y sigan activas, me parece que el mito del Humanismo Mexicano va a ser un mito productivo y nos va a ayudar a encontrar formas de liberarnos. Ya esta mañana escuchamos, por ejemplo, versiones muy interesantes sobre cómo en el transporte público incluso el Humanismo Mexicano puede tener impacto y puede tener impacto sobre nuestra vida cotidiana y nuestra vida diaria, siempre y cuando se mantenga su carácter de un mito plebeyo, de un mito común y de un mito que cultivemos para la liberación y no para la dominación de unas cuantas personas sobre las grandes mayorías. 

Así que termino refrendando lo que decía al principio. Cuando recibí la invitación para este congreso, me pareció que era una iniciativa urgente, no simplemente un congreso más sobre una idea más, sino un congreso sobre uno de los temas a los que más tenemos que abonar desde las diferentes trincheras que tengamos. Y espero que haya quedado claro a estas alturas que la académica es una trinchera muy particular y definitivamente no la más importante del Humanismo Mexicano, porque la más importante es, justamente, la de las fuentes plurales que nunca han recibido la atención que merecían. 

Con eso doy las gracias por escucharme y por invitarme a participar en este gran mosaico nuevo y emocionante del Humanismo Mexicano.

 

David Bak Geler es doctor en Filosofía por la New School for Social Research de Nueva York, Estados Unidos; maestro en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México; miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores Nivel I de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación y del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Guadalajara. Correo electrónico: david.bakgeller@academicos.udg.mx

 

Referencias

Althusser, L. (2004) “Marxismo y humanismo”, en La revolución teórica de Marx. México: Siglo XXI Editores, p. 206. Disponible en: https://ia600309.us.archive.org/8/items/553311_202304/Althusser%20-%20La%20revoluci%C3%B3n%20te%C3%B3rica%20de%20Marx.pdf

Barthes, R. (2006) Mitologías. 1999a ed. México: Siglo XXI Editores. Disponible en: https://ddooss.org/libros/mitologias_Roland_Barthes.pdf

Foucault, M. (2019) Microfísica del poder. Argentina: Siglo XXI Editores. Disponible en: http://archive.org/details/foucault-michel.-microfisica-del-poder-ocr-2019

López Obrador, A.M. (2021) “Conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador”, 14 junio. Disponible en: https://amlo.presidente.gob.mx/14-06-21-version-estenografica-de-la-conferencia-de-prensa-matutina-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador/

López Obrador, A.M. (2023) “Conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador”, 13 de octubre. Disponible en:

https://amlo.presidente.gob.mx/13-10-23-version-estenografica-de-la-conferencia-de-prensa-matutina-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador/

Méndez Plancarte, G. (1949) Humanismo mexicano del siglo XVI. México: Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma de México. Disponible en:

https://www.cervantesvirtual.com/obra/humanismo-mexicano-del-siglo-xvi-934487/.

Villoro, L. (1998) “Sobre la identidad de los pueblos”, en Estado Plural, Pluralidad de Culturas. México: Paidós y UNAM (Facultad de Filosofía y Letras, México). 

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