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11 de diciembre 2025
Rutas críticas para un Humanismo Mexicano contemporáneo
Categoria:
Humanismo Mexicano
Raymundo César Martínez García
El Colegio Mexiquense A. C.
La Mesa 1 del Primer Congreso Estatal de Humanismo Mexicano, dedicada al pensamiento latinoamericano y a la hegemonía cultural, evidenció que el Humanismo Mexicano no puede reducirse a un eslogan coyuntural ni a una fórmula doctrinaria cerrada. Más bien, constituye un campo de disputa en el que se entrecruzan memorias, agravios, esperanzas y críticas en torno a la historia de México y de América Latina, así como respecto de las formas en que concebimos la política y de los sujetos a quienes se reconoce el derecho a ser considerados portadores de cultura y dignidad.
A lo largo de las intervenciones se delineó un arco histórico que abarca del siglo XIX al XXI, pasando por la Revolución Mexicana, los debates de la filosofía de la liberación, la crítica decolonial y las luchas contemporáneas de mujeres, pueblos originarios y juventudes. Dicho recorrido permitió recordar que no puede concebirse un Humanismo Mexicano desligado de los conflictos reales por la tierra, la memoria, la igualdad, la palabra y el acceso a la cultura.
Al revisitar la Revolución Mexicana no se la presentó como un mito inmóvil, sino como un proceso de reconfiguración de sujetos, instituciones y derechos sociales. Esta participación subrayó que la Revolución no solo produjo héroes de bronce, sino también campesinos, mujeres, pueblos indígenas y trabajadores que quedaron fuera de la narrativa oficial; de ahí la advertencia: si el Humanismo Mexicano se convierte en un discurso justificante del poder, traicionará su vocación; su fuerza depende de mantener viva la incomodidad crítica, la revisión de la historia y la escucha hacia quienes han sido sistemáticamente silenciados.
La mesa colocó también a México frente al espejo latinoamericano, reconociéndolo como país referente y refugio de exilios, pero que al mismo tiempo reproduce formas de colonialidad, racismo, violencia de Estado y extractivismo semejantes a las del continente. En este marco, nombres como Ayotzinapa dejan de ser casos aislados para volverse síntoma de una dignidad negada. Un Humanismo Mexicano que no se tome en serio la desaparición de personas, la violencia contra las mujeres, el despojo territorial y la devastación ambiental corre el riesgo de volverse ornamental: dice “Humanismo”, pero aparta la mirada cuando la humanidad concreta es agredida.
A partir de estas discusiones se delinearon principios ético-políticos para el presente: una democracia que vaya más allá del ritual electoral y se viva en la escuela, la familia y las instituciones; una relación con la naturaleza que deje de verla como recurso inagotable; una igualdad sustantiva de las mujeres que no aparezca como concesión, sino como fundamento de cualquier proyecto democrático, y una noción de soberanía que no sea solo frontera, sino capacidad colectiva de pensar, crear y decidir.
La recuperación de figuras como la de Ignacio Ramírez recordó que muchas de estas preocupaciones están presentes desde el siglo XIX: el liberalismo social, la crítica a los privilegios corporativos, la educación laica, la injusticia en la distribución de la tierra y la subordinación de las mujeres. El Humanismo Mexicano tiene raíces profundas; el problema no es su inexistencia, sino la distancia entre esa tradición y nuestras prácticas actuales.
Otra intervención abordó la relación entre juventudes, territorio y cultura. El simple trayecto hacia un centro cultural indígena se planteó como metáfora de la desigualdad en el acceso a bienes simbólicos: los espacios que preservan la memoria de los pueblos originarios suelen ser inaccesibles para comunidades y jóvenes. Se cuestionó así la hegemonía cultural: ¿quién define a la cultura como legítima?, ¿dónde se ubican los grandes recintos?, ¿qué lenguas y cuerpos son visibles? La justicia cultural así vista se señaló como eje indispensable del Humanismo Mexicano: democratizar la cultura implica reordenar el territorio, rediseñar políticas, reconocer la creatividad comunitaria y abrir rutas reales de acceso simbólico.
A la luz de todo esto, la mesa dibujó un Humanismo Mexicano en construcción, atravesado por tensiones entre memoria y crítica, entre unidad latinoamericana y pluralidad de experiencias, entre principios universales y contextos locales. Su futuro dependerá de evitar convertirse en nueva “historia de bronce” y mantenerse como práctica crítica que recuerde sin idealizar, piense sin negar las heridas y actúe sin olvidar que el centro son las vidas concretas del país: mujeres, jóvenes, pueblos originarios, trabajadores, defensoras del territorio y víctimas que exigen verdad y justicia.
Instituciones como las que participaron en este Congreso, las universidades y las Legislaturas tienen la responsabilidad de tender puentes entre teoría y política pública, entre reflexión y decisión, entre memoria y transformación como medio para renovar el sentido de lo humano en México.
Raymundo César Martínez García es doctor y maestro en Estudios Mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México, licenciado en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de México. Presidente de El Colegio Mexiquense, A.C. Correo electrónico: rmartinez@cmq.edu.mx
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