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11 de diciembre 2025
Juventudes y movilidad cultural: disputas hegemónicas en el acceso de los espacios culturales en el Estado de México
Categoria:
Humanismo Mexicano
Pedro Matías Cruz
Universidad Intercultural del Estado de México
Buenas tardes y muchas gracias. Hablando de cruzar gran parte del estado, mi tema se llama "Juventudes y movilidad cultural: disputas hegemónicas en el acceso de los espacios culturales en el Estado de México".
Recuerdo cuando visité el Centro Ceremonial Mazahua por una tarea universitaria. Desconocía el trayecto, investigué una ruta concreta, pero aun así, sin saber llegar, en Guadalupe Cachí tomé un autobús a San Felipe del Progreso, después un autobús a Santa Ana Nichi; luego de una hora y media, gente de la localidad me comentó que debía tomar todavía un taxi para llegar al centro ceremonial.
Llegando al centro ceremonial, pude entender esta paradoja: se supone que es un espacio para preservar la identidad y memoria de un pueblo originario, pero es inaccesible para quienes tienen el interés de conocerlo. Incluso si preguntas a gente mazahua o con interés en la cultura mazahua, se revelará algo interesante: muchas personas han oído hablar del espacio o no saben de su existencia, reflejando la desigualdad en la cultura. La movilidad o ausencia en la cultura determina a sus participantes y quiénes quedan fuera. Esto nos cuestiona algo interesante: ¿los espacios culturales del Estado de México están abiertos al público o están limitados por factores como el territorio, lo económico y los muros simbólicos?
En este eje de pensamiento latinoamericano y hegemonía cultural, en el subtema “Artes y letras como campo de disputas hegemónicas”, se propone mirar más allá del contenido de la cultura, a través de su movilidad y acceso. Lugares como el Centro Cultural Mexiquense, el Centro Ceremonial Otomí o el Museo Galería Torres Bicentenario tienen algo en común: su trayecto un poco lejano y simbólico para personas de zonas rurales o de la periferia. La movilidad cultural no solo implica el transporte, también involucra la participación en la vida artística y simbólica.
A partir de este enfoque, como juventudes tenemos un doble desafío: primero, derrumbar los muros estructurales que aún nos obstaculizan el acceso pleno a los espacios culturales y revitalizar la cultura como una práctica viviente, comunitaria y humana, no como un lujo selectivo.
Aquí se articula el Humanismo Mexicano, propuesto en el discurso de Andrés Manuel López Obrador en 2022 como una filosofía de la Cuarta Transformación. Este Humanismo parte de las raíces éticas y morales de los pueblos originarios y movimientos sociales, donde el poder debe servir al pueblo y no el pueblo al poder. El Humanismo Mexicano de la Cuarta Transformación no es solo un discurso político; también invita a redefinir las interacciones humanas donde la equidad y la cultura convergen, teniendo como esencia una nueva ética donde el desarrollo cultural no se limite o quede centralizado.
Como juventudes mexiquenses que habitamos los grandes caminos y zonas rurales, así como ideamos, dibujamos, trazamos y escribimos desde estos espacios, debemos ser no solo fuerza, sino también pensar de manera crítica. El Humanismo Mexicano nos invita a transformar esa fuerza en participación comunitaria y con sentido social. Las artes y letras van más allá de lo estético: son la manera de expresar nuestro sentir como seres humanos. En ellos, las ideas se transforman en sentimientos, y los sentimientos en trazos y palabras, las cuales llegan en formas de imágenes o sonidos.
Podríamos mencionar a una de las grandes pensadoras del Estado de México, Sor Juana Inés de la Cruz, una figura clave de nuestra entidad así como del Humanismo novohispano. Es una figura del conocimiento que unió el arte y la libertad de pensamiento. No solo escribió versos, también reivindicó a las mujeres y, por consiguiente, a las juventudes a reflexionar, crear y alzar la voz. Al respecto, menciono su frase célebre: "Yo no estudio para saber más, sino para ignorar menos". Esta frase tiene un trasfondo en la esencia del Humanismo, reconociendo el conocimiento como necesidad humana y una forma de resistir ante las estructuras hegemónicas de su época, así como a las juventudes hoy nos toca resistir ante las barreras de la centralización cultural. Sor Juana Inés de la Cruz habitó un claustro donde trascendió desde su sensibilidad a través de la razón y desafió los límites impuestos por las dificultades de su época.
Como señala Antonio Gramsci, “la hegemonía cultural primero se conquista desde el terreno cultural antes que en el poder de la política” (Gramsci, 1971). Las instituciones referentes a la cultura, espacios educativos y medios de comunicación hacen legitimaciones de lo que es válido y de lo que no lo es. La hegemonía cultural en el Estado de México se ve reflejada en la centralización de museos y centros culturales, mientras que, por otro lado, en zonas rurales, la cultura queda reducida a algunos eventos e incluso con frecuencia no se cuenta con los espacios necesarios para poder ofertarlos.
El capital cultural, de acuerdo con Bourdieu, son las legitimaciones y habilidades simbólicas que conceden poder. Por ende, las juventudes rurales e indígenas que no cuentan con la oportunidad de tener una mejor educación y movilidad quedan fuera (Bourdieu, 1986). Asimismo, García Canclini advierte que las instituciones culturales de Latinoamérica reproducen modelos centralistas que invisibilizan la creatividad en zonas comunitarias. En consecuencia, la producción local y juvenil artística no tiene validación como arte, sino como actividades marginales (García Canclini, 1990).
Ante esto, el Humanismo Mexicano puede crear nuevas rutas alternativas como devolver a la cultura un sentido humano en su disposición de unión y equidad. Democratizar la cultura significa también descentralizarla, así como reactivar nuevos caminos que conduzcan a ella y asegurar que ningún creador interesado quede fuera por motivos de origen, distancia o recursos.
Nosotros, como juventudes mexiquenses, tenemos una gran responsabilidad a través de las artes y letras, y en parte, gracias al Humanismo Mexicano, tenemos esta posibilidad de contribuir a una nueva transformación cultural con acciones concretas. Estas son las acciones que propongo:
- Rutas o caminos culturales para la movilidad. Incorporar en las rutas del transporte público circuitos que crucen por los museos y espacios culturales.
- Difusión de la cultura en lengua originaria por medios locales, reconociendo la pluralidad del Estado de México. Difundir la información en zonas rurales de acuerdo con la lengua originaria de cada comunidad y cada territorio.
- Espacios para la memoria y creación artística comunitaria. En zonas rurales y periféricas, crear espacios donde las juventudes tengan la oportunidad de crear, exponer y dialogar.
- Consejos juveniles de la cultura. Así como nosotros exigimos derechos, también tenemos obligaciones. Por lo tanto, debemos también aprender a gestionar y relacionarnos con otros jóvenes para crear nuevos espacios.
- Justicia cultural como principio del Humanismo Mexicano incorporada en las prácticas y políticas públicas estatales, garantizando equidad territorial y reconocimiento político.
Las propuestas, en concreto, buscan sintonizar con uno de los principios del Humanismo Mexicano de López Obrador: la prosperidad debe ser compartida, porque cuando la cultura, las artes y las letras sean equitativas, se podrá hablar de un Humanismo plenamente mexicano.
Puedo concluir que la cultura, las artes y las letras no deben ser un destino lejano, sino una ruta compartida. Las juventudes tenemos la posibilidad de contemplar la cultura, pero también tenemos la oportunidad de deconstruirla. En las artes y letras tenemos varios caminos para sentir, pensar y transformar nuestras comunidades. En el Humanismo Mexicano localizamos una filosofía que nos remonta a que el humano es el centro y el fin de toda acción pública.
Sor Juana nos mostró que el conocimiento nace de la curiosidad y del deseo de ser libres. Gramsci nos recuerda que la cultura es un gran poder y que debe servir para una liberación. López Obrador nos exhorta, desde el Humanismo Mexicano, a que la prosperidad desde lo material, simbólico y cultural llegue equitativamente para todos.
La disputa cultural no solo ocurre en los principales museos o centros culturales, sino en los caminos rumbo a ellos. Democratizar la cultura es repensar otros caminos, crear puentes que conecten y reconozcan la movilidad cultural como un derecho. Si no se reabren nuevos caminos hacia la cultura, el Humanismo se queda estático. Cuando las juventudes tomemos conciencia y acción en las artes y letras, sin exclusión, barreras ni distancia, el Humanismo Mexicano será plenamente transformador.
Muchas gracias por su tiempo y su paciencia.
Pedro Matías Cruz es licenciado en Arte y Diseño por la Universidad Intercultural del Estado de México. Correo electrónico: gonzalezmatiaspedro@gmail.com
Referencias
Bourdieu, P. (1986) “The Forms of Capital”, en J. G. Richardson (ed.) Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education. New York: Greenwood, pp. 241–258. Disponible en:
García Canclini, N. (1990) Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. México: Grijalbo. Disponible en:
https://monoskop.org/images/7/75/Canclini_Nestor_Garcia_Culturas_hibridas.pdf
Gramsci, A. (1971) Selections from the prison notebooks. London: International Publishers. Disponible en:
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