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Ícono Derechos Humanos

11 de diciembre 2025

Alfabetización para un México justo. Las campañas alfabetizadoras (1921-1946)




Categoria:

Humanismo Mexicano

 

Carlos Escalante Fernández

El Colegio Mexiquense, A. C.

 

La educación, no solo la de la escuela, pero sobre todo la de la escuela, es fundamental en las transformaciones; transformaciones que son graduales, pero que van siendo importantes. Y dentro de ello, alfabetizar es la condición inicial para poder tener éxito en la escuela. Todos sabemos que, efectivamente, esa es la condición inicial.

El porfiriato dejó como una de sus herencias el 80 % de la población analfabeta en México, de manera que entonces, cuando José Vasconcelos, un humanista intelectual en ese momento, llega a la rectoría de lo que se llamaba el Departamento Universitario (pero que conocemos como la Universidad Nacional Autónoma de México), impulsa una campaña contra el analfabetismo, buscando justamente que aprender a leer y escribir sea el elemento fundamental para una sociedad más justa y más equitativa. Un año después funda la Secretaría de Educación Pública y ahí sigue con la campaña nacional contra el analfabetismo de la mano de un equipo de colaboradores y colaboradoras que le van dando sentido: no solamente cómo enseño a leer y escribir, sino para qué enseñar a leer y escribir, por qué es importante para la nación. El esfuerzo dura poco, porque en ese tiempo los gobiernos no eran sexenales, sino de cuatro años; además, Vasconcelos se retira un poco antes, pero el sostén pedagógico es de una gran maestra, Eulalia Guzmán, quien da las razones de por qué y cómo debe enseñarse a leer y escribir.

Pasan varios años y en la época de Lázaro Cárdenas —ya se mencionó aquí la importancia de ese gobierno—, se impulsan nuevamente dos campañas, una proeducación y otra de educación popular, en 1936 y 1937, para seguir alfabetizando. En ambas campañas, igual que en la de Vasconcelos, se apela a todas las personas que sabían leer y escribir a que procuraran enseñar a los adultos que no sabían hacerlo. Y esa es una de las características comunes. La diferencia entre las campañas de Cárdenas y la de Vasconcelos es que se diseñan ya cartillas especiales para los adultos. Con Vasconcelos se usaron los silabarios y materiales de enseñanza que se usaban también para los niños, pero se olvidaba que los adultos no son páginas en blanco, sino tienen una experiencia de vida y el que no supiesen leer y escribir no significaba que fueran ignorantes. Entonces era complicado que aprendieran a partir de las mismas lecciones que estaban destinadas a los niños que, por otro lado, tampoco son ignorantes, pero tienen una experiencia de vida menor.

Y la cuarta campaña que se hizo fue en el régimen de Ávila Camacho, en 1944; la impulsa el Secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, y aquí hay una característica importante, que es la creación de una cartilla nacional. Se tiran 10 millones de ejemplares, y para entonces la población analfabeta era como del 52 %; es decir, del 80 % del Porfiriato, se bajó al 52 %. Parece un gran avance, pero si lo traducimos a números absolutos vemos a muchos millones que no tenían acceso a la cultura escrita como consecuencia de que no sabían leer ni escribir. Otra característica, además de esta cartilla nacional —ya el doctor Felipe Ávila hablaba de una de las raíces del Humanismo Mexicano, la cual se encuentra en los pueblos originarios— son las cartillas bilingües, las cuales van a ayudar a castellanizar, pero usando la lengua vernácula y después el español en la enseñanza de la lectoescritura. No voy a detallar cada una de estas, porque lo que yo quiero es abordar cómo, desde las preocupaciones de nuestro presente, podemos mirar ese pasado. 

El 11 de noviembre, en su comparecencia ante el Senado de la República, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, aseguró que el año entrante se va a acabar el analfabetismo.¹ Eso me dejó pensando. Vamos a ver si es posible. Y esa es mi mirada hacia el pasado. ¿Cuáles son las características de estas cuatro campañas que se hicieron? Ya lo decía: se apeló a la ciudadanía, a la solidaridad, etcétera; eso fue importante. Cada una tenía objetivos muy precisos: reforzar una sociedad justa, una identidad nacional y que todos tuvieran las mismas oportunidades a partir de saber leer y escribir; y, por otro lado lado, había una solidez ideológica donde corrientes como la Escuela de la Acción, el Humanismo y la Escuela Socialista con Cárdenas, etcétera, están presentes en ese aspecto. 

Pero una característica de todas ellas es que el Estado invirtió muy poco; es decir, se apeló a la ciudadanía y al voluntariado. El voluntariado respondió a veces sí, a veces no; hubo regiones donde no funcionó. Y, obviamente, lo que está detrás lo podemos ver desde el presente, y tal vez en ese momento no se veía así: ¿quiénes son los analfabetos?, los más pobres; entonces, “no vale la pena invertir”. Si queremos acabar con el analfabetismo de aquí en adelante, hay que considerar que cuesta, cuesta mucho dinero, y no solo son los principios pedagógicos e ideológicos los que tenemos que tener presentes.

Asimismo, la otra cuestión que limitó las campañas en su alcance es que se veía al analfabeto, si no como un ignorante, sí como un lastre para el país, como alguien que tenía una venda la cual le impedía ver hacia delante. En el presente tenemos que apelar a que esos adultos que no saben leer y escribir tienen una experiencia, como decía, de vida, y es importante que la tengamos presente en el modelo pedagógico, ya sea en la escuela, ya sea a través del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) o a través de otros organismos sociales y privados, incluso. 

Este aspecto se articula con la idea de economía moral. ¿Por qué? La economía moral se construye desde elementos de justicia que demandan los que menos tienen, y lo demandan con dignidad. Entonces, para enseñar a leer y a escribir de aquí en adelante, mi exhortación a partir de este congreso es que lo hagamos tomando en cuenta que esos adultos, hombres y mujeres, que no saben leer ni escribir, son gente con dignidad y que merecen una buena atención pedagógica. Y si lo logramos, vamos a hacer que el instrumento de saber leer y escribir les abra nuevas puertas en esto que es siempre la educación: la utopía de un México mejor.

Muchas gracias.

 

Carlos Escalante Fernández es doctor en Ciencias en la especialidad en Investigaciones Educativas por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav); miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores Nivel II de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación; profesor-investigador de El Colegio Mexiquense, A.C. Correo electrónico: cescalante@cmq.edu.mx

 

Notas al pie:

¹ “En 2026 se logrará erradicar el analfabetismo en México, asegura Mario Delgado ante el Pleno del Senado” (2025. Coordinación de Comunicación Social de la LXVI Legislatura, Senado de la República, 11 noviembre. Disponible en: https://comunicacionsocial.senado.gob.mx/informacion/comunicados/13575-en-2026-se-lograra-erradicar-el-analfabetismo-en-mexico-asegura-mario-delgado-ante-el-pleno-del-senado (Consultado el 2 de diciembre de 2025).

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