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11 de diciembre 2025
Repensando los pilares de la economía moral en un contexto de crisis global y desigualdad sistémica
Categoria:
Humanismo Mexicano
Itzel Cruz Pérez
Instituto de Estudios Legislativos del Congreso del Estado de México
Contexto
Buenas tardes a quienes siguen aquí. Creo que cada una de las intervenciones ha aportado, desde su visión, el trabajo que estamos realizando desde la academia y la investigación sobre el Humanismo Mexicano y la economía moral. Hay tantas perspectivas de abordaje desde la filosofía, la economía y la política, que ha resultado un reto entender este proceso que Andrés Manuel López Obrador puso sobre la mesa; hoy nos encontramos con las primeras bases y esfuerzos de análisis y reflexión. Con el tiempo iremos viendo más publicaciones y trabajos relacionados con este tema, el cual nos ha obligado fuertemente a estudiarlo y comprenderlo; es interesante y retador hacerlo, principalmente, desde un enfoque crítico.
¿Qué representa, en un mundo de derechas, izquierdas y centros, el Humanismo Mexicano? ¿Qué representa la economía moral en el contexto mundial? Nos encontramos en un momento histórico definido por la convergencia de múltiples crisis (sanitarias, climáticas, geopolíticas y socioeconómicas) que han expuesto, con una claridad ineludible, las profundas fisuras éticas y estructurales de nuestro sistema económico global. La promesa de que el crecimiento ilimitado beneficiaría a toda la sociedad se ha visto desmentida por la persistencia y el agravamiento de la desigualdad sistémica, lo que no es una anomalía, sino el resultado intrínseco de los pilares sobre los que se ha construido la economía moderna. El desafío que enfrentamos hoy no es solo técnico o de gestión de recursos, sino fundamentalmente moral. Esta mesa de análisis propone repensar los pilares de la economía moral en este contexto turbulento.
Tradicionalmente, la economía moral —concepto popularizado por E. P. Thompson— se centraba en las expectativas normativas de la comunidad respecto a la justicia y la equidad en el mercado. Sin embargo, en la actualidad debemos ir más allá de la mera reacción ante la injusticia del mercado. Debemos redefinir qué significa una economía "justa" y "buena" para el siglo XXI.
El contexto actual global está profundamente marcado por las secuelas de décadas de políticas neoliberales. Como señala Stiglitz (2019), en todos los países, tanto ricos como pobres, las élites prometieron que las políticas neoliberales llevarían a más crecimiento económico y que los beneficios se derramarían de modo que todos, incluidos los más pobres, estarían mejor que antes. Las consecuencias de este modelo han sido, de hecho, lo contrario. La aplicación de estas políticas ha profundizado la desigualdad social y económica a niveles históricos. Al priorizar el mercado por encima de la equidad social, el neoliberalismo ha desmantelado progresivamente los mecanismos de protección del Estado de Bienestar, resultando en una concentración de la riqueza en manos de unos cuantos.
Por supuesto, las consecuencias también se perciben más allá de los aspectos económicos: el Estado neoliberal globalizador no respeta el medio ambiente ni las culturas ancestrales, expoliando y saqueando intensivamente los recursos. Incluso, las consecuencias de este modelo han sido antihumanistas, lucrando en detrimento directo de la dignidad, la libertad y la igualdad humana. En este marco, discursos relacionados también con los derechos humanos y sus garantías quedan subordinados a los imperativos económicos y geopolíticos (Cárdenas Gracia, 2023).
A pesar de este panorama de profunda desigualdad, la paradoja es que las fuerzas de derecha y extrema derecha avanzan a gran velocidad a nivel global. Y lo hacen cosechando victorias electorales normalizando valores, políticas y narrativas que hace apenas unos años hubieran sido impensables. Como señalan Herz y Summa (2025), su creciente influencia en un número cada vez mayor de países representa una amenaza existencial no solo para la democracia, también para la gobernanza global.
América Latina
Como es sabido, en América Latina los primeros lustros de la política posautoritaria estuvieron dominados por actores de derecha tanto en lo político como en lo económico (Monestier y Vommaro, 2021). Tras la crisis de la deuda a principios de la década de 1980, los gobiernos de la región se enfrentaron a una tensa presión internacional para adoptar el Consenso de Washington, que promovía la liberalización del mercado (Bresser Pereira, Maravall y Przeworski, 1993). Incluso, presidentes que se presentaron a las elecciones con programas distintos, una vez que llegaron al gobierno, implementaron políticas de ajuste estructural (Stokes, 2001); esto es, las políticas neoliberales parecían salvaguardadas por los imperativos estructurales de los mercados globales que disciplinaron a los gobiernos nacionales (Roberts, 2014).
Este predominio conservador parecía inexpugnable en la década de 1990; sin embargo, el ciclo político comenzó a cambiar tras un fuerte desencanto con las reformas neoliberales de mercado, el fervor antiglobalización, problemas endémicos de corrupción y la profundización de la desigualdad y la pobreza (Murillo, Oliveros y Vaishnav, 2011). A la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela (1999) le siguieron una serie de victorias electorales de partidos y movimientos de izquierda en un gran número de países de la región con la promesa de modelos alternativos para corregir el modelo económico liberal, dando lugar a lo que se conoce como “giro a la izquierda”.
Estos gobiernos no solamente ganaron un importante número de elecciones, también tuvieron la “fortuna” de gobernar tras una mejora económica en los países de la región debido al aumento del precio de las materias primas en el mercado global (Murillo, Oliveros y Vaishnav, 2011), otorgándoles mayor libertad económica para financiar la expansión de políticas sociales (Hagopian, 2016). Pese a que varios gobiernos de izquierda fueron reelectos y lograron mejorar las condiciones de los sectores desfavorecidos, desde la segunda década del siglo XXI la izquierda perdió terreno. En la prensa y en la academia se comenzó a hablar de un nuevo giro político tras la llegada de Mauricio Macri a la presidencia de Argentina (2015), continuando con una tendencia hacia la derecha en otros países del continente, demostrando que no habían perdido competitividad electoral.
Aunque no ha llegado a ser tan dominante como lo fue el anterior, un fenómeno nuevo ha acompañado a este ciclo más reciente en la región: la emergencia de una “nueva derecha más extrema”. Estas fuerzas han comenzado a ganar terreno en países como Brasil, El Salvador y Chile. Las características antidemocráticas de cada uno pueden identificarse claramente. No obstante, uno de los casos más relevantes es el que representa Nayib Bukele en El Salvador, quien a pesar de que se autoproclamó como de “izquierda radical” durante su periodo como alcalde, desde que llegó a la presidencia ha adoptado posiciones que son propias de la extrema derecha autoritaria, como el desmantelamiento de los contrapesos democráticos, el impulso de un agresivo punitivismo penal y la defensa del conservadurismo social (Laborde, 2023). Su gobierno ha estado en el centro del debate por diversos motivos; particularmente, el “modelo Bukele” de seguridad ha sido controvertido y ha alcanzado una importante popularidad a nivel regional.
El resurgimiento de la derecha y la emergencia de fuerzas más extremas en la región no se limita a figuras con tintes autoritarios como Nayib Bukele. Un fenómeno igualmente disruptivo, y quizás más definitorio de la coyuntura actual, es la aparición de movimientos que combinan una agenda ultraneoliberal en lo económico con un discurso nativista y autoritario en lo social. El caso de Argentina con Javier Milei es un ejemplo paradigmático. Esta extrema derecha actual a menudo promueve la austeridad radical y la desregulación total, profundizando la lógica antihumanista del neoliberalismo.
A esto se añade el descenso de la democracia en América Latina. La oleada más reciente del Latinobarómetro muestra un 48 % de apoyo a la democracia, frente a un 63.3 % en el 2010. A pesar de que la democracia no goza en ninguna parte de buenos tiempos, en esta región la crisis de partidos y de representación es profunda, los partidos dejaron de ser instrumentos para canalizar las demandas de la gente, la competencia se ha trasladado de partidos a personas, la imagen del candidato es más importante que un programa convincente. Ante las crisis económicas, falta de crecimiento, desempleo, desigualdad, desesperación, al votante no le importa demasiado el tipo de régimen que gobierna, lo que representa un terreno fértil para el autoritarismo (Lagos, 2023).
Tanto los avances de la derecha como los recientes triunfos de la izquierda en América Latina revelan una crisis más profunda en la política regional: la falta de una alternativa programática sólida. Por un lado, los avances de la derecha y la extrema derecha no han sido acompañados de una política capaz de constituir un antídoto suficiente contra las amenazas contemporáneas (Confavreux y Salvi, 2024). Incluso cuando la izquierda ha logrado volver al poder, como en el caso reciente de Uruguay con el Frente Amplio, la victoria no se ha dado necesariamente sobre la base de un proyecto alternativo de gran calado. En la campaña uruguaya, por ejemplo, el debate se centró más en el impacto de varios escándalos de corrupción que involucraron al gobierno saliente que en una discusión profunda sobre propuestas de gobierno alternativas. La izquierda pudo recuperar terreno en medio de un clima de desencanto, pero sin haber resuelto la crisis de representación ni haber presentado un nuevo "gran relato" capaz de generar un entusiasmo masivo.
Los pilares de la economía moral
El concepto de economía moral se erigió históricamente sobre dos pilares fundamentales: la legitimidad comunitaria y la ética de la subsistencia. El primer pilar, expuesto magistralmente por E.P. Thompson, describe la expectativa popular de que el mercado, especialmente el de bienes básicos, debe operar bajo un conjunto de normas sociales y morales preexistentes que prioricen las necesidades de la comunidad sobre el beneficio individual. No se trata de una aversión al mercado, sino de la defensa de la justicia distributiva básica que asegure precios justos y evite la especulación con los bienes esenciales. El segundo pilar, la ética de la subsistencia, subraya el derecho inalienable de las personas a garantizar su sustento y evitar la indigencia. En este marco, la moralidad de una transacción o un sistema económico se mide por su capacidad para proteger a los más vulnerables y asegurar la reproducción social de la vida. Estos pilares rechazan la idea de que la maximización de la utilidad individual sea el único o principal motor del bienestar colectivo.
En el caso de México, la Cuarta Transformación iniciada con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha representado un hito. Concretamente, el Humanismo Mexicano representa un ejercicio de búsqueda y un experimento en la construcción de una identidad nacional popular. Los valores históricos y culturales son retrabajados para crear una identidad profundamente mexicana que, al mismo tiempo, dialogue con lo global, pero que no sea tóxica, chauvinista o excluyente. Al recuperar la herencia cultural prehispánica y la tradición de justicia social de los próceres nacionales se articula una identidad que sí puede congregar a una pluralidad tan vasta como la que existe en México, convirtiéndose en el elemento agregador y movilizador del movimiento político.
Por otro lado, varios autores señalan que es un movimiento que no se casó con las modas ideológicas; de hecho, en el libro A la mitad del camino, López Obrador menciona que su ideología es el Humanismo, en relación con una anécdota de cuando el director de la Policía Federal de Seguridad, Miguel Nazar Haro, enviaba informes falsos a sus superiores advirtiendo que era comunista (López Obrador, 2021). Cárdenas Gracia (2023) da un par de hipótesis sobre por qué AMLO califica su proyecto político e ideológico como Humanismo Mexicano y no como un movimiento de izquierda o progresista:
- Al considerar su proyecto como Humanismo Mexicano pretende incluir en él a muy amplios sectores sociales, políticos y culturales de nuestra sociedad.
- El concepto de Humanismo Mexicano ayuda a expresar cualitativamente y no solo cuantitativamente que la preocupación más trascendente de la Cuarta Transformación, desde la profundidad de la historia patria, son las personas, la gente —como dice él—, sobre todo, los más pobres.
Hay muchos elementos que están emergiendo en la política mexicana y que sin duda seguirán siendo objeto de análisis para los expertos. Lo que es claro es que el Humanismo Mexicano es una especie de protección en contra de los discursos reaccionarios. Puede afirmarse que la Cuarta Transformación es un movimiento único en el mundo que intentó, por diferentes rumbos, darle sentido a un movimiento de transformación que se opuso a una época neoliberal en la que parecía que no había alternativas ni en México, en Latinoamérica ni en el mundo entero.
Itzel Cruz Pérez es doctora en Marketing Político, Actores e Instituciones de la Sociedades Contemporáneas y máster en Estudios Internacionales por la Universidad de Santiago de Compostela, España; licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma del Estado de México. Investigadora del Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología adscrita al Instituto de Estudios Legislativos del Congreso del Estado de México y profesora de asignatura en la Universidad Autónoma del Estado de México. Correo electrónico: itzelcruzp@outlook.com
Referencias
Bresser Pereira, L.C., Maravall, J.M. y Przeworski, A. (1993) Economic reforms in new democracies. A social-democratic approach. Cambridge University Press.
Cárdenas Gracia, J. (2023) “El humanismo de la Cuarta Transformación”, Hechos y Derechos [Preprint], (76). Disponible en:
https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/hechos-y-derechos/article/view/18426/18719 (Consultado: el 2 de diciembre de 2025).
Confavreux, J. y Salvi, E. (2024) “Extremas derechas: 50 tonos de pardo y un deseo de transgresión”, Nueva Sociedad, (312), pp. 31–44.
Hagopian, F. (2016) “Escaping the Inequality Trap, but How? Comparative and Contending Perspectives”. Ponzan.
Herz, M. y Summa, G. (2025) “La extrema derecha como amenaza para la gobernanza mundial”, Nueva Sociedad [Preprint], (315). Disponible en:
https://static.nuso.org/media/articles/downloads/5.TC_Herz_y_Summa_315.pdf.
Laborde, A. (2023) Caída de la derecha tradicional y nuevos liderazgos: las claves del auge de la ultraderecha en Latinoamérica, El País América. Disponible en:
https://elpais.com/america/2023-11-25/caida-de-la-derecha-tradicional-y-nuevos-liderazgos-las-claves-del-auge-de-la-ultraderecha-en-latinoamerica.html (Consultado: el 2 de diciembre de 2025).
Lagos, M. (2023) Marta Lagos, pollster: ‘Latin America has begun to see authoritarianism as one of the options for democracy’, El País. Disponible en:
https://english.elpais.com/international/2023-10-02/marta-lagos-pollster-latin-america-has-begun-to-see-authoritarianism-as-one-of-the-options-for-democracy.html (Consultado: el 2 de diciembre de 2025).
López Obrador, A.M. (2021) A la mitad del camino. Primera. México: Editorial Planeta.
Monestier, F. y Vommaro, G. (2021) “Los partidos de la derecha en América Latina tras el giro a la izquierda. Apuntes para una agenda de investigación”, Revista Uruguaya de Ciencia Política, 30(1), pp. 7–22. Disponible en:
https://doi.org/10.26851/rucp.30.1.1.
Murillo, M.V., Oliveros, V. y Vaishnav, M. (2011) “Economic constraints and presidential agency”, en S. Levitsky y K. Roberts (eds.) The resurgence of the Latin American Left. Estados Unidos: Johns Hopkins University Press.
Roberts, K. (2014) “Democracy, Free Markets, and the Rightist Dilemma in Latin America”, en The Resilience of the Latin American Right. Johns Hopkins University Press, pp. 25–47.
Stiglitz, J. (2019) El fin del neoliberalismo y el renacimiento de la historia, Nueva Sociedad. Disponible en:
https://www.nuso.org/articulo/crisis-neoliberalismo-historia-elites-capitalismo-protestas/ (Consultado: el 2 de diciembre de 2025).
Stokes, S. (2001) Mandates and Democracy: Neoliberalism by Surprise in Latin America. Cambridge University Press. (Cambridge Studies in Comparative Politics).
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